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¿Por qué hasta ahora?

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Sigue el tema, el “tren del mame” dirían algunos, con lo de la propuesta de Peña Nieto de legalizar las uniones entre personas del mismo sexo, también llamadas gays u homosexuales y de otra formas ya no muy elegantes que digamos.

Aunque todavía no se apruebe lo anterior, se entiende que los enemigos del presidente, del priismo y de los que simplemente están en contra de todo lo que proponga la autoridad en turno, estén usando lo que pretende EPN, en su contra y de paso algunos, llevar agua a su molino para estas elecciones de mañana y las que siguen de aquí a 2018.

También se entiende que los grupos tradicionales, de los que están a favor de la familia normal, o sea, hombre, mujer e hijos se opongan a la medida y hasta dicen que lo siguiente que ocurrirá es que los homosexuales, una vez constituidos en pareja legal y con derechos, puedan adoptar niños y arguyen que la adopción es el derecho que tienen los niños de tener papás, no de que cualquiera pueda tener un hijo otorgado por alguna institución oficial.

Están equivocados, pues legal y etimológicamente significa lo segundo, no lo que ahora alegan los que se oponen a que los gays puedan tener hijos de alguien más como suyos cuando biológicamente no puedan tener los propios. Nos guste o no, la adopción da derecho a un adulto de tomar legalmente a un hijo y no al revés.

Y ahí andan los defensores de la familia tradicional diciendo que es una aberración el matrimonio gay y que sus integrantes puedan adoptar niños o adolescentes.

La verdad es que en lo personal, a mí tampoco me gustaría que este tipo de parejas pudiera adoptar, pero si la ley les va o pudiera darles ese derecho, pues de nada servirá que no nos guste y pataleemos.

Sin embargo es un poco indignante ver que ahora los niños sin padres sean una moneda tan valiosa para los grupos tradicionalistas y defensores de la familia, cuando por años los han ignorado y han preferido voltear para otro lado ante los problemas que enfrentan estos pequeños sin hogar o que viven apartados de sus padres y en una casa hogar.

Nadie o muy pocos se escandalizaron cuando en Jalisco se supo del buen negocio que resultaba para algunos la venta de niños a parejas que pudieran pagar por ellos. Los menores no eran adoptados, eran comprados, y nadie puso el grito en el cielo y menos hizo algo al respecto pese a que se dio a conocer en varios medios estatales y nacionales este tipo de penosos sucesos.

Funcionarios estatales de hace un sexenio, encargados de las casas hogares y de los niños quitados a sus papás, se hicieron ricos vendiendo menores a parejas con dinero, que incluso se los llevaban a vivir a países lejanos sin volverse a saber de ellos, ante la angustia de sus padres biológicos.

Grupos de dos, tres o más hermanos, que vivían en casas hogar y eran separados cuando algún adulto se interesaba en “comprar” uno de ellos y los encargados sin ningún remordimiento separaban a los hermanitos, pues el nuevo “papá” solo se interesaba por uno pero no por el resto.

Niños que eran separados temporalmente de sus padres ya que vivían en un ambiente de violencia intrafamiliar; los progenitores, algunos de ellos llegaban a regenerarse y cuando estaban en condiciones de recuperar a sus hijos, resultaba que ya habían sido “vendidos” y era imposible de rastrearlos y traerlos de vuelta a sus hogares.

Qué terribles historias.

Y claro que las “ventas” de los niños eran disfrazadas como aportes económicos a los albergues infantiles y en ningún caso se trataba de transacciones, sino de dizque adopciones legales, facilitadas por funcionarios corruptos, ambiciosos y sin corazón, que nunca les importó destruir familias o separar de forma tan brutal a hermanitos, que alejados de sus progenitores y viviendo en un ambiente extraño, solo tenían a los de su misma sangre en ese lugar.

Y para una pareja sin mucho dinero, era prácticamente imposible adoptar.

Con la entrada de Aristóteles Sandoval se acabó ese macabro negocio, no hubo encarcelamientos pero al menos se eliminó el malnacido Consejo Estatal de la Familia, que era la institución oficial en donde se fraguaban tan atroces actos.

Y ningún defensor de la familia tradicional se manifestó en su momento, pero nomás supusieron que un gay quizás quiera y pueda adoptar un hijo en el futuro y enseguida ardió Troya.

Como en feria

La Feria Tepabril nunca ha sido un buen negocio, pues en todos estos años apenas quedaban apenas a mano los organizadores con los ingresos y egresos o bien reportaban ganancias, pero parte de ese dinero había sido previamente inyectado por el municipio, por lo que en realidad no había mucho sobrante.

Pero ahora sí que nos fue como en feria a los que vivimos en Tepa, se perdieron más de dos millones de pesos, cantidad que bien pudo haber sido invertida en otra cosa, como en un programa de bacheo que por fuerza se necesitará en las próximas semanas cuando vengan las lluvias.

Hay dinero que el ayuntamiento aún tiene la esperanza de recuperar, como los 800 mil pesos que quedó a deber la empresa Palma Grande, organizadora del palenque (se les advirtió desde aquí que tenían pinta de delincuentes y hasta el Fiscal General no tuvo empacho en llamarlos así, pero nunca hicieron caso las autoridades tepatitlenses).

Se perdió muchísima lana también en una corrida de toros que cada vez menos gusta a la población, ¿por qué el ayuntamiento a huevo patrocinó esa función, cuando en otros años simplemente se concedía el permiso y el empresario se encargaba de todo y si perdía dinero era su bronca?

¿Por qué insistir en tirar el dinero en el certamen de belleza? ¿Por qué contratar a un grupo de dizque cantantes que en realidad parecen delincuentes y que, ahí está, pocos fueron a verlos y también se le perdió ahí?


Ojalá que las autoridades hayan aprendido la dolorosa lección y Gerardo Maldonado, un hombre bien intencionado y proveniente de una familia dedicada al trabajo honrado, tendrá dos opciones para el siguiente año -si es que lo invitan-, mejor hacerse a un lado o volver a aceptar presidir el comité de festejos pero esta vez metiendo en cintura a todos los colaboradores y no dejar que caprichos personales o ganas de “innovar” de algunos dejen al final millonarias pérdidas económicas.

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