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Aprovecharnos de la ocasión

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 Cuando escuchamos las quejas, muy recurrentes, sobre lo que le está “pasando” a  México.

 Cuando truenan las mentadas sobre los gobiernos por los incrementos de impuestos, las reformas, los gasolinazos, las transas, las corruptelas, los cochupos, los lords, las ladies y todo eso que hoy está de moda, en especial en las redes sociales del internet y los teléfonos “inteligentes”.

 Cuando leemos las exigencias de grupos, sindicatos, partidos, empresas, organismos civiles para que las autoridades mejoren las condiciones de la infraestructura, las oportunidades educativas, las luminarias, reparen los baches, hagan canchas deportivas, etcétera.

 Cuando todo eso ocurre –y ocurre muy a menudo en nuestra zona-, me obligo a cuestionar: ¿qué nos está faltando para hacer un alto total, detener la vorágine social, la indignación colectiva y resolver, de una vez por todas, las cosas básicas de nuestro entorno?

 Pongamos como ejemplo a Tepatitlán.

 A la ciudad le falta un eficiente sistema de tratamiento de aguas negras. Nos urge un sistema de transporte masivo adecuado. Necesitamos espacios culturales para aprender la danza, la música, la escultura, la oratoria, el teatro. Nos falta un parque a donde podamos acudir a disfrutar de “un día de campo” a quienes no tienen rancho. Faltan pistas para el atletismo, canchas para el basquetbol, pasto para el futbol. Faltan casas para los trabajadores; se requiere una escuela de artes y oficios, una verdadera central camionera, un teatro, más talleres de expresión artística.

 Las necesidades básicas de Tepatitlán son innumerables, y parecen inalcanzables.

 En contraparte, qué tenemos: Un sector productivo que no genera oportunidades de desarrollo, patrones que –generalmente- explotan a sus trabajadores al no dotarles de sueldos y salarios pertinentes. Tenemos trabajadores que cumplen –generalizando- con lo básico en sus labores. Tenemos alumnos que acuden a clases, pero no trasciende su aprendizaje. Tenemos muchas calles, llenas de baches, pero muchas. Hay agua potable, pero no se cobra lo que se entrega y no se administra con óptica técnica, sino con tintes políticos. Tenemos muchos partidos políticos, pero no representan a nadie; bueno a unos cuantos.

 Tenemos mucha tierra, muchas gallinas, mucho ganado, muchos cerdos, muchos litros de leche. Pero no hay economía social que resuelva las necesidades básicas de alimentación de los sectores más pobres.

 En estos días, una empresa consultora está llevando a cabo la Consulta del Plan de Desarrollo Urbano de Tepatitlán. Los expertos nos están preguntando qué ciudad queremos, cómo la pensamos en unos 10 o 20 años.

 Tenemos dos opciones: una es dejar que los de siempre opinen lo de siempre e impongan sus ideas o intereses, como viene ocurriendo en los últimos 30 años. 

 La otra es opinar, con pelos y señales, con dolores y con angustias; con temores y con experiencias, qué tipo de ciudad queremos. Cómo la deseamos, qué nos sirve y qué no, para seguir viviendo aquí. Qué nos estorba y qué nos falta; qué tiramos por la borda y qué subimos al tren del desarrollo.

 Tepa sigue creciendo, pero crecimiento no es sinónimo de desarrollo.

 Aprovechemos la ocasión. Tal vez nos hagan caso. Tal vez no. Pero que nadie nos reclame, ni hoy ni mañana, que nuestro silencio sirvió para avalar lo que desde las oficinas del Gobierno nos quieren imponer para nuestra colonia, nuestra movilidad, nuestros ríos, nuestro transporte, nuestra convivencia, nuestra familia.

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