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Juntar las plumas

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre sabio a quien le dijo:

"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?", a lo que él respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suéltala una a una por donde vayas".


El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas. Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio contestó: “Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar la bolsa con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas".

El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.
Al volver, el hombre sabio le dijo:

“Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste”.

“Cometer errores es de humanos y de sabios pedir perdón”.

Es muy importante cuidar nuestra lengua de toda crítica, de toda murmuración, de toda palabra que pueda herir o dañar la buena fama que tienen las personas porque no sabemos el mal tan grande que podemos hacer.
Un día una señora me dio un consejo muy sabio: “Cuando te preguntan por algo o por alguien a quien puedes dañar, mejor calla, pues de no sé y no vi, nada se escribe”.


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