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La última misa hace 90 años

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• La Cristera en San Diego de Alejandría

Por Oscar Maldonado Villalpando
  
Por estos días del agua, hace 90 años se conmemoran acontecimientos sobresalientes.
  
“Tropas de María
sigan la bandera,
no desmaye nadie”….
  
“Un aire de duelo se cernía sobre aquella multitud que se bamboleaba avanzando de rodillas por las calles enlutadas.   Pero también se adivinaba una fortaleza para desafiar lo imposible al imaginar su templo desierto, profanado el lugar santo”

Hace 90 años, el 31 de julio de 1926
Se suspenden los cultos.

No habrá misa en adelante. Esa fue la orden de los obispos ante la Ley Calles que coartaba la libertad en el ejercicio de la vida religiosa de los católicos.

Este día preciso conmovió a este pueblo.

“Al consumirse las sagradas Formas en la última misa que se celebró, un frío glacial invadió el Sagrado recinto que se sintió por dos años y seis meses” (D. E.Cerrillo, Memorias de mi Pueblo. Pág. 288.

Esa misa última congregó a todo el pueblo, que ante los acontecimientos por venir, con ansia buscaba la confesión, el bautismo de ejergencia, el matrimonio sumario, el viático, así todos los sacramentos.

La última misa

Celebró el Señor Cura Marcos Rivera Ledezma, un sacerdote ejemplar, predicó el P. Fernando Escoto. Las mujeres lo escuchaban “a lágrima viva”, los hombres con el corazón en un puño. Estaban ante una situación grave e impredecible. ¡No era posible que la casa de Dios fuera abandonada, que la hermosísima imagen de nuestra Madre Inmaculada, vestida de cielo y de nubes, abandonara su trono bendito, ella, la tan querida, dejaría de contemplar a sus hijos!, pensaban.

Crujen las enormes puertas para dejar en penumbra la nave, los sacerdotes entregan las llaves a los encargados del pueblo. Por unos meses, los dos ministros sagrados estarán entre las gentes ocultos, antes de la hora terrible de la guerra.

Ellos se atreverán a celebrar y a confesar por ahí entre las casas, en los ranchos lejanos, pero siempre con el Jesús en la boca. Siempre con la vigilancia y auxilio de los buenos católicos.

A nivel nacional hay pronunciamientos, de todo se recibe información en el pueblo, se siguen minuciosamente las negociaciones. Pero no hay esperanzas. La gente se comunica donde habrá misa tal viernes primero o en determinada fiesta solemne que obliga la misa y hasta allá ocurren a pie y a caballo, llevan sus tortillas, los de la casa preparan algunos tacos para ofrecer, en un plan de confianza, de familia que sobrelleva las mismas penas y hace un solo frente ante la situación adversa.

Este fue el principio de todo, hace 90 años por estos días.  

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