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Las marcas de los clavos

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Había un niño que tenía muy mal carácter. Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma debería clavar un clavo en la cerca de atrás de la casa.

El primer día el niño clavó 37 clavos en la cerca...

Pero poco a poco fue calmándose porque descubrió que era mucho más fácil controlar su carácter que clavar los clavos en la cerca.

Finalmente llegó el día cuando el muchacho no perdió la calma para nada y se lo dijo a su padre y entonces el papá le sugirió que por cada día que controlara su carácter debería sacar un clavo de la cerca.

Los días pasaron y el joven pudo finalmente decirle a su padre que ya había sacado todos los clavos de la cerca... Entonces el papá llevó de la mano a su hijo a la cerca de atrás...

Mira hijo, has hecho bien, pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en la cerca, ya la cerca nunca será la misma de antes; cuando dices o haces cosas con coraje, dejas una cicatriz como este agujero en la cerca...

Es como meterle un cuchillo a alguien, aunque lo vuelvas a sacar, la herida ya quedó hecha, no importa cuántas veces pidas disculpas, la herida esta ahí. Una herida física es igual de grave que una herida verbal.

Los amigos y amores son verdaderas joyas a quienes hay que valorar, ellos te sonríen y te animan a mejorar.

Te escuchan, comparten una palabra de aliento y siempre tienen su corazón abierto para recibirte.
Agradece y ora más por tus verdaderos amigos.

Es muy importante distinguir entre verdaderos y falsos amigos, porque a veces nos dejamos engañar creyendo que alguna persona tiene buenas intenciones y al fin nos damos cuenta de que nos estaba haciendo daño su amistad.

Busquemos siempre buenas amistades, porque quien encuentra un buen amigo, encuentra un tesoro.

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