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A pegarle

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Se nos ha hecho fácil y costumbre darle con todo a nuestros gobernantes, sacar a la luz sus supuestos defectos, aunque no nos consten o no sean defectos en sí, que si son pendejos, drogadictos, alcohólicos o no tienen los mismos gustos personales que uno.   

Siempre ha sido así, pese a que muchos lloran o lloraron en su momento de que no había libertad de expresión o no era respetada, la verdad es que todo el tiempo hemos dicho de las autoridades lo que nos ha venido en gana, no nos hagamos.  

Ahora con las famosas redes sociales esta libertad de decir lo que queramos ha aumentado, aunque a veces o casi siempre digamos puras mentiras, pendejadas o incoherencias, total, habrá varios que sí nos crean y hasta reproduzcan virtualmente nuestras sandeces.   

La autovía de todas nuestras mediocridades y tragedias es por lo general el presidente de la República en turno, pero cuando nos va bien es gracias a nosotros mismo. Le hemos recriminado a Calderón tantos muertos que ha habido, aunque ninguno de ellos haya sido nuestro y sabiendo bien que los mataron por no andar portándose muy bien que digamos.   

Nos enojamos por los gasolinazos cuando muchas veces ni tenemos carro o no nos importa pagar precios carísimos en otras cosas.   

Ahora a Peña Nieto se le señala por varias cosas y no lo bajamos de ignorante y pendejo. Pero, ¿de verdad será así como pensamos?   

No cualquiera se convierte en presidente de un país, hay que batallarle primero semanas o meses recorriendo todo el país, aguantando vara, luego hay que sacar si no la mayoría, sí más votos que los otros candidatos y seguir aguantando vara con las protestas.   

Luego no es fácil dirigir un país de más de 100 millones de habitantes, lograr el apoyo de 500 diputados, atender 32 gobernadores y miles de alcaldes. No todos podrían hacer esto mejor que el actual presidente o cualquier otro que haya tenido el país, pero ahí andamos hablando (o escribiendo).   

Criticamos a EPN por el plagio de su tesis, todos nos imaginamos a un Enrique mañoso y tramposo buscando en Internet algún texto para simplemente copiarlo, pegarlo e imprimirlo, cuando en 1991 no era así, había verdaderamente que investigar, leer y luego escribir, aunque fuera algo copado. La UP en ese entonces no lo consideró un plagio y no porque ya supieran que ese joven era el futuro presidente de la República, simplemente cumplió con los requisitos en su tiempo, que eran los mismos para cualquier estudiante.   

Ahora con lo de Trump, fue más bien un error mediático, un mal cálculo. Seguramente el gobierno federal, para hacer ver al presidente como todo un estadista, con ese propósito invitó a ambos candidatos a la presidencia de Estados Unidos, quizá pensando en que Clinton aceptaría y Trump se abriría diciendo que con los mexicanos ni a la esquina…   

Hubieran sido dos pájaros de un tiro pero salió todo lo contrario, gracias a la viveza de Trump y al desinterés de Clinton (vayan viendo qué tan prioritarios somos los mexicanos para el Partido Demócrata gringo).   

Pero fuera de los berrinches, seguramente algo bueno dejará la visita de Trump al país si eventualmente el republicano gana las elecciones, no nos podemos pelear con el vecino nunca y menos si dependemos de él para casi todo.   

Y el cuarto informe presidencial, también criticado, yo la verdad agradezco que desde hace algunos años se haya dejado atrás el formato de ir a besarte los pies a los diputados en su palacio, cualquier cosa es mejor y si es un acercamiento con la gente común y corriente, mejor.   

Ciertamente los asistentes al informe con EPN eran gente que no iban a incomodar al presidente, pero tampoco fue un montaje descarado, como acostumbra el gobierno federal siempre.   

Pero bueno, nos ha quedado mucho a deber Enrique y ojalá que su sucesor haga un gobierno mucho mejor. Críticas siempre habrá quede quien quede en la silla presidencial.   

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