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De papás y de mamás

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   Me gustan los chistes que incluyen algún diálogo entre dos personas, aunque éste sea sólo de un par de renglones. El que más me ha hecho reír lo leí hace tiempo ya en la columna de ese viejito genial que es Catón (Don Armando Fuentes Aguirre) y que dice:

   “El pequeño Leroy, en Alabama, a su mamá:

   - Mami mami, cuando yo sea grande quiero pertenecer al Ku Klux Klan.

   - ¡Ay mijito!, además de ser negro eres pendejo.”

   Otro lo escuché hace algunas semanas, cuando empezó a arreciar la polémica acerca de que se puedan casar o no dos personas del mismo sexo:

   “Un niño que tiene dos papás homosexuales le dice a uno de estos cuando se está bañando:

   - Ay papi, que cosa tan grande tienes…

   - Mmm… y no has visto la que tiene tu mamá”

   Y éste, uno más, lo acabo de ver en el Twitter:

   “Le pregunta una muchacha a una joven mujer embarazada:

   - ¿Y qué va a ser tu bebé, niño o niña?

   - Cuando nazca, crezca y aprenda a hablar él mismo lo decidirá”

   Todo esto a propósito del enconado debate que sostienen, por una parte la comunidad LGBTT (siglas que significan algo así como Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual y Transgénero) y por la otra padres de familia organizados o empujados por los grupos religiosos que maneja la iglesia católica y por otras religiones cristianas, acerca de que se puedan casar entre sí dos personas del mismo sexo, hombre con hombre y mujer con mujer, esto a raíz de la iniciativa que presentó en ese sentido el presidente Enrique Peña Nieto para reformar la Constitución.

   Aunque ya los diputados priístas y panistas congelaron dicha iniciativa, los primeros porque le fue como en feria a su partido en las elecciones del 6 de junio y no faltó quien atribuyera esa derrota al intento de EPN de atentar contra la familia tradicional; y los segundos para ser congruentes con su incongruencia de que por una parte se oponen al aborto y a las bodas gay, y por la otra se alían con el PRD que aprueba y promueve ambas cosas; a pesar de eso, de que ya ni siquiera se piensa discutir la iniciativa presidencial, la iglesia católica (especialmente) se le echó encima al gobierno federal y a su partido para impedir que esto se llegue a concretar.

   Se dice que el Papa Francisco está muy molesto con Peña Nieto y que se siente traicionado por éste, porque cuando vino a México en febrero de este año Él cedió a todo lo que le pidió el gobierno mexicano, que no hablara con los padres de los 43 de Ayotzinapa, que no destacara el clima de violencia institucionalizada por parte del crimen organizado, que no se refiriera a la corrupción al más alto nivel gubernamental (la Casa Blanca, etc.); y en cuanto se fue, Peña Nieto envía al Congreso la iniciativa para reformar la Constitución con miras a legalizar el llamado matrimonio igualitario, es decir, el matrimonio entre dos hombres o entre dos mujeres -al que yo llamaría gaymonio-, sabiendo, como sabe y es de suponerse, que es éste un tema que tanto incomoda a la Iglesia de Roma.

   Ese fue el motivo, según ha trascendido y es de creerse por los acontecimientos recientes, para que desde el Vaticano se ordenara a todos los obispos mexicanos lanzarse con todo en contra de la iniciativa presidencial, y empezaron así los sermones en misa, el adoctrinamiento en los grupos de laicos, las campañas en los medios de comunicación y las marchas de protesta en la vía pública. El primer resultado, parece, fue que el Partido del Presidente perdiera las elecciones de junio (gubernaturas, diputaciones y alcaldías), y el siguiente que el gobierno de Peña Nieto y sus diputados se vieran obligados a congelar la iniciativa para el gaymonio.

   Se les olvidó al Presidente y al PRI quién sacó al Tricolor de Los Pinos en el año 2000, quién les ordenó a sus comunidades de base (Matrimonios Católicos, Acción Católica de la Juventud Mexicana, Asociación Nacional Cívica Femenina, a la Vela Perpetua, la Adoración Nocturna y demás grupos católicos, fanáticos algunos) que hicieran campaña “por el bien común”, que ha sido el slogan del PAN. Se les olvidó a los priístas y se los tuvo que recordar la reacción al matrimonio gay.

   Y no conformes con haber derrotado ya a la iniciativa de marras (que sea congelada ya es una derrota para sus promotores), la Iglesia, utilizando para ello a un llamado Frente Nacional por la Familia (ya de plano un Frente Nacional, como el Frente Farabundo Martí en El Salvador, como el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua, ya en plan de guerrilleros pues para que sus cuentas hiciera el gobierno), organizó el sábado anterior
una marcha de protesta en todo el país, en la que participaron cientos de miles de personas en algunas ciudades, y decenas de miles o simplemente millares en otras. Tepatitlán no fue la excepción.

   Y la parte contraria no se podía quedar cruzada de brazos. Sin que nadie los agreda ni les eche malo -como se dice en Tepa-, organizan sus marchas del orgullo gay y sus desfiguros para exigir derechos que nunca les han sido negados (son hasta gobernadores y no sé si habrán llegado incluso a la Presidencia de la República, aunque lo que se ve no se juzga dijo alguna vez Juan Gabriel), cuanto y más ahora que se sintieron agredidos por la Iglesia Católica y sus organizaciones, pusieron el grito en el cielo, organizaron una contramarcha de protesta contra la protesta, que se llevó a cabo al día siguiente, domingo, y en la cual llegaron hasta la Catedral Metropolitana en la Ciudad de México para exigir -inocente pobre amiguis- la renuncia del cardenal Norberto Rivera. No tienen la menor idea de cómo funciona la estructura jerárquica de la Iglesia.

   Por supuesto que tanto en su marcha como en las redes sociales reprobaron la protesta de los padres de familia diciendo que éstos no tienen derecho a protestar, porque es tanto como atentar contra sus derechos humanos el exigir que no sea modificada la Constitución para que se puedan casar. O sea que unos tienen derecho y otros no, ellos y ellas, ell@s pues, sí tienen derecho a desfilar por las calles, vestidos de mujer algunos hombres, pintoreteados otros, para exigir sus derechos humanos; y otros, los padres de familia, no tienen derecho a protestar contra el pretendido matrimonio gay. ¡Qué a toda madre…!

   A propósito de algunos homosexuales que se visten de mujer (no todos por supuesto), especialmente aquellos que se dedican a la prostitución, siempre me he preguntado ¿para qué se visten de mujer? y la respuesta es obvia, para atraer a los hombres. Por lo tanto, si se visten de mujer para atraer a los hombres, están aceptando implícitamente que la práctica del sexo debe ser entre un hombre y una mujer, si así no fuera bastaría con que portaran algún distintivo que indicara que se trata de un homosexual, no habría necesidad de tratar de engañar al macho usando pelucas, pintarrajeándose la cara y poniéndose algún vestido ajustado para verse “bien buenas”, a veces más que las mujeres de verdad.

   Pero bueno, eso fue simplemente una reflexión muy breve y a propósito exclusivamente de aquellos que se visten de mujer, que están en todo su derecho de hacerlo y que son los menos. La mayoría, me parece, son gente respetuosa y respetable, y su orientación sexual no debe ser motivo de condena. Su orientación sexual dije, su exhibicionismo y sus desfiguros ya son otra cosa, que se quieran casar hombre con hombre a mí me da igual, pero que no quieran llamarle a esto matrimonio, pues esta palabra viene del latín matris (madre) y munium (cuidado de), el cuidado de la madre por parte del marido; otra derivación sería la de matreum muniens que significa casi lo mismo, la defensa y protección de la madre por parte del hombre padre de sus hijos; y una pareja homosexual no puede procrear hijos. Pueden llamarle de mil maneras a su unión legal que proteja los derechos de ambos ante la ley, pero nunca será un matrimonio. Es más, en nuestra cultura occidental el Derecho Romano considera que el concepto del contrato de matrimonio tiene su fundamento en la idea de que la posibilidad de ser madre lleve a la mujer a procrear una familia con un hombre.

   ¿Cuál es el problema para que a la unión legal de dos personas del mismo sexo se le llame de otra manera?, si eso es lo que tanto molesta a la Iglesia Católica, a las iglesias cristianas evangélicas en general y a otros sectores, ¿por qué no llamarle como de hecho ya se le llamó en un tiempo Sociedad de Convivencia, por ejemplo? No, hay un gran debate nacional por este tema. ¿Pero qué necesidad?, ¿para qué tanto problema?, que se amen, que vivan juntos, que se casen y que los declaren marido y marido, o mujer y mujer, pero no serán un matrimonio, éste no es un derecho, es una institución creada con fines específicos que dos personas del mismo sexo no pueden cumplir.

   Ahora, la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, eso ya es otra cosa, a eso sí me opongo (claro que mi oposición vale pura sombrilla, pero igual me opongo). La adopción no es un derecho de los adultos, es un derecho de los niños a tener un padre y una madre. Ya sé que muchos menores hijos de parejas heterosexuales son maltratados por sus padres, ya sé que muchos de estos les dan mal ejemplo, que son borrachos, drogadictos, irresponsables, y no dudo que eventualmente alguna pareja homosexual le diera un mejor trato y mucho amor a su hijo adoptivo, pero me preocupa la motivación original de la mayoría homosexual para buscar el derecho a adoptar un menor, mucho me temo que dicha motivación tenga que ver con la perversión sexual, es decir, con la posibilidad de poder abusar y pervertir “legalmente” a un menor. “Total, es mi hijo, yo sabré lo que hago con él”. Y ya que crezca y aprenda a hablar él que decida si es hombre o mujer… ¡Coño!

   Es mi opinión y tengo derecho a expresarla. Como tendrán derecho a hacerlo todos aquellos que quieran mentarme la madre por esto, total, las mentadas de madre son como las llamadas a misa, el que quiere va y el que no pues no. Que tenga usted un buen fin de semana.

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