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El resto por la causa…

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Por Oscar Maldonado Villalpando

Así dijo el capitán cristero Guadalupe Martínez en temeraria acción aquel 10 de septiembre de 1928.

El Padre Salvador Casas, a media noche, en una poderosa motocicleta cruzaba los quebrados caminos que vienen de Jalpa a San Diego de Alejandría, entrevistaba a algunos aquí y tomaba dirección al Tolimán hasta Codornices de los Mojica, eran indudablemente últimos acuerdos e instrucciones de todo lo que estaba por llegar, eran los últimos días de 1926, hacía 6 meses que los templos estaban cerrados y los sacerdotes proscritos. El P. Casas era buen mozo, apuesto, grandote, traía su zaracof. Cuando se destapó todo, él se fue al monte, pero traía su buena pistola fajada. Así también el P. Pérez Aldape destinado en San Julián.

El padre Tules era originario de San Diego y de las mejores familias, las de abolengo, Gertrudis López Moreno, el nombre de su padre está con hermosas letras en el pórtico del Panteón municipal con la fecha de 1904, D. Cecilio López. Cuando se vino la bola dicho sacerdote se fue a Estados Unidos, pero ¿qué pudo estar en paz allá, si acá sus hermanos sufrían? Se vino a las barrancas, se vino a correr entre los plomazos, a las patas de los caballos literalmente, porque él no traía armas, nomás andaba administrando sacramentos donde se ocupaba y celebraba misa donde podía, ¡pero cómo lo cuidaba su Güerita! en la preciosa imagen de la Inmaculada Concepción de San Diego de Alejandría.  

No era muy fornido ni muy alto, era blanco y se dejaba la barba también blanca, un día salió de misa y llegó el pérfido general callista Z. Martínez llenando las calles de estruendo, el padreTules se hizo al machuelo y se puso a jugar canicas con los chiquillos, pasó desapercibido. Otra vez venía por las Amapolas y se vino el Gobierno él se acuató con un arriero y empezó a echarle vigas a los burros. “Aquel parece padrecito… oye cómo habla tu padrecito, ¡qué va a ser!, el día que apresaron a Ramón Parada para sacrificarlo…” 

El padreTules estaba en la ventana frente a donde sucedieron los hechos, cuando Dios no lo permite y era él al que buscaban.

Todas estas cosas tan bonitas se vienen a la memoria para este día 17 de septiembre en que será la Misa en la Peñita donde está el Monumento al Señor de los Cristeros. Dos cosas celebra el pueblo y la región, porque viene gente de Guanajuato y de gran parte de los Altos.

Primero Acción de gracias por el buen temporal. Así lo estableció el Señor cura Saturnino Covarrubias hace ya casi 50 años, así ha seguido esta celebración hasta el día de hoy.

Segundo: En la Peñita se celebran aniversarios cristeros, porque este era un punto estratégico en las operaciones de los levantados, de aquí para atrás hacia la barranca de Cochalotes estaban sus majadas, sus escondites.

Especialmente este año se han cumplido 88 años de la muerte de Ramón Parada.

Y para el día 10 de septiembre se cumplen también los 88 años de la muerte de dos capitanes cristeros muy valientes. Guadalupe Martínez y Refugio Mena.

Esa tarde el pueblo estaba infestado de federales una guarnición en la parroquia, el destacamento ordinario. Pero al Santuario del barrio de arriba vino a establecerse Z. Martínez porque como había asesinado a Ramón Parada esperaba respuesta y sobre todo quería cerrar   el cerco sobre el P. Tules que por nada del mundo se desterraba de la región.

El capitán Guadalupe Martínez era una punzada, el gobierno le había ofrecido mucho dinero y buenos cargos si se cambiaba o se aplacaba, Guadalupe luchaba con todo el corazón por la causa. El pueblo le consagra sus más devotos recuerdos. Es que Guadalupe representaba los ideales de los humildes, encarnaba el sentir de los pobres. No tenía miedo de nada, hacía a los federales como le daba su gana, como una matraca estremecía las calles empedradas del pueblo cruzando casi entre las filas enemigas, por la noche llegaba hasta la cabecera de los guachos y los azoraba con gritos carcajeados y buenos disparos, les sonaba los quimiles de pesos de plata para que no dijeran que los cristeros no traían dinero.   Era un gran soldado, un gran compañero cuando alguno estaba herido o perdía su caballo Guadalupe llegaba como un ángel salvador a rescatarlo, cuando el gobierno tendía una celada o cerraba un sitio Guadalupe se ponía al frente y aventaba su caballo, les gritaba a los pelones y les sonaba las quijadas de su pistola y le abrían paso porque ya lo conocían.   Solía pegarse a las costillas de su yegua ocultándose del enemigo y disparaba por las verijas del animal asombrando al enemigo. Era acabao’ el hombre.

Al puro ver se ve, ya lo conocían, ya le tenían miedo. Como una jugarreta y como una acción estratégica Guadalupe y Cuco Mena fueron a quitarles los caballos a los soldados que los llevaban a darles agua en la Presa. Lo lograron con solvencia, pero como el grueso del ejercito estaba a menos de una cuadra en el Santuario les comprometieron la salida,   y ahora pasó, le mataron el caballo a Guadalupe y quedó prensado con su pierna fracturada, allí murió no sin antes descontar a 18 sardos, también Cuco murió peleando esa tarde del 10 de septiembre de 1928, hace ya 75 años.

Todo esto recuerda con cariño la gente y todo esto se celebrara el día 17 de este mes en la Misa y en la fiesta de la Peñita en el monumento al Señor de los Cristeros.

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