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Nadie mete las manos

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 Son varios los problemas que tiene el gobierno municipal de Tepatitlán. Son propios del ejercicio público y son producto también de ideas, de ajustes, de antojos personales de quienes llegan al poder.

 Hemos venido dando cuenta algunos medios de lo que ocurre en la administración de Hugo Bravo y, pareciera –como suele ocurrir en quien es novato en la política- que la culpa de su mala imagen la tienen algunos medios, algunos reporteros. Eso le hacen creer a los novatos.

 Quitemos del escenario a los medios o reporteros incómodos. Hagamos de cuenta que no existen, que no hay radio ni televisión ni prensa, que sólo hay Facebook. ¿Ya no habría problemas en la administración?, ¿se acabarían las quejas ciudadanas?, ¿se taparían los baches, bajarían los robos, habría directores responsables, honestos?

 En los últimos días han se han tomado decisiones desde algún lugar de la fea, gorda e inoperante burocracia de Tepatitlán, con mucho desatino… y nadie mete las manos.

 Por ejemplo, les piden de manera sorpresiva a empleados de escritorio y de campo que entreguen sus orines para hacerles la prueba antidrogas; les tratan a los funcionarios como sospechosos, con el derecho del patrón, pero sin las garantías y respetos a los derechos fundamentales de las personas que laboran en el gobierno.

 Parece una decisión arbitraria, prepotente… y nadie mete las manos.

 No hay, por ejemplo, partidos políticos que deseen defender a sus electores. El porcentaje que alcanzaron en la contienda pasada no vale, no tiene representación. No vemos al PRI ni al PAN defender a la parte proporcional de trabajadores o de ciudadanos que dicen representar. ¿Dónde están los dirigentes de los partidos?, ¿habrán pactado por su silencio?, ¿estarán esperando que lleguen los dos meses de proselitismo electoral para hablar?

 No hay tampoco líderes de organismos, ni sectores, ni sindicatos, ni empresarios, ni académicos, nadie, hablando de los temas que aquejan a la población.

 Nadie ve por el pueblo. Nos estamos quedando con los brazos cruzados esperando a que alguien más señale las deficiencias, los yerros, los abusos del poder… y nadie está metiendo las manos.

 La democracia no es cambiar de partidos; eso es alternancia.

 La democracia exige compromiso del pueblo; a menos que nos convenga guardar silencio a cambio de una posición, de un sueldo, de un contrato, de una concesión… y no se trata de quemar las naves en la batalla. Se trata, simplemente, de ser responsables de lo que a cada uno de los ciudadanos de este pueblo le toca hacer, decir o señalar.

 ¿A nadie se le ha ocurrido hacer política en tiempos no electorales?

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