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Tolerancia para todos

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Curioso que cuando se trata de defender o promover las buenas costumbres y los valores o lo que entiendan algunos por estos, enseguida viene la lluvia de críticas y burlas y de pendejo, anticuado y santurrón no bajan al que se le ocurre públicamente manifestarse por lo anterior.

Así es con todo, dirán, cuando se manifiestan los de izquierda, los maestros que no quieren trabajar y quieren protestar pero sin dejar de cobrar, los que están a favor de los derechos de los homosexuales o los que piensan que los “perrhijos” tienen más derechos que los mismos humanos, también hay gente que se burla y desaprueba tales expresiones de solidaridad con los grupos ya señalados.

Pero si se trata de defender los valores familiares y religiosos y oponerse al matrimonio entre personas del mismo sexo, que estas adopten hijos o que el gobierno supuestamente obligue a todo mundo a ya no distinguir “género” alguno, no son pocos los que ponen el grito en el cielo y no se conforman con desaprobar, sino sugerir que no se tomen las calles por estos motivos.

Resulta curioso pues, porque aquí en México, con muy pocas excepciones, a los que tenemos de 20 años para arriba, fuimos criados bajos costumbres religiosas, católicas, conservadoras en algún grado y por ende, si no oponerse a todo lo referente al tema de los gays, sí al menos tolerarlo.

En algún momento de la vida algunos o muchos prefirieron dejar de lado sus valores tradicionales y religiosos, quizás dejarlos al margen o mantener el catolicismo practicante al mínimo y está bien, después de todo el libre albedrío es uno de los derechos divinos que se nos concedieron, según la Biblia.

Pero de ahí a repudiar todo lo que tenga que ver con la iglesia y la religión, pues quién sabe qué habrá pasado ahí, pero cada quien.

Lo que sí creo es que no hay derecho a burlarse, atacar o denigrar a los que todavía creen en eso, como tampoco hay derecho a hacerlo con todos aquellos que tienen alguna afinidad con algo que a nosotros nos parece ridículo, absurdo o aborrecible.

Sin embargo, cuando protestan los izquierdistas o simpatizantes de algún partido, nos tenemos que aguantar, si les decimos algo en su cara, en algún artículo periodístico o en las redes sociales, así nos va.

Lo mismo con los adoradores de perros o los defensores de los derechos de los gays.

Pero parece que sí está bien atacar a los “defensores de la familia tradicional y opositores a las uniones o adopciones homosexuales”, pues nadie defiende al atacado, al contrario, se festeja cuando se les pone en su lugar a estos grupos de “retrógradas religiosos”.

Pero hay que aguantarse, tolerar a aquel que no piense como uno, porque después de todo, todo mundo debe ser aguantado

Son exageradas las consignas de los marchantes defensores de la familia, partiendo de que lo que origina toda esta reacción, una iniciativa de ley que legaliza las uniones entre personas de ambos sexos y que además reconoce jurídicamente otro tipo de sociedades familiares no convencionales, por el momento está congelada; Peña Nieto la propuso para ver qué tan redituable electoralmente era y ya vio que muy poco, por eso los diputados priistas prefirieron corregirle la plana al presidente y por un buen rato las uniones gays no serán reconocidas a nivel nacional, aunque en muchos estados ya sea así.

¿Por qué no protestaron cuando en Jalisco se aprobó esto hace como tres años? Sabe. ¿Por qué nadie dijo nada cuando en Tepa se casaron dos mujeres entre sí?

Para 2017, cuando comience formalmente la carrera electoral, seguirá congelada la iniciativa de ley, con un gobierno preocupado por cosas peores. Para 2018 menos.

Y para 2019 o más adelante, las uniones gays nacionales posiblemente sean autorizadas siempre y cuando haya un presidente “progresista”, que no es López Obrador ni Margarita Zavala ni cualquiera que ponga el PRI; el único que podría impulsar el tema sería un verdadero político izquierdista, pero en México la izquierda está prácticamente muerta y sus gallos como Ebrard o Mancera con más broncas que el mismo Peña Nieto.

Así que, defensores de la familia, a bajarle y a dejar de exagerar, la mitad o más de lo que los tiene preocupados ni siquiera se va a implementar y aquellos que los critican, déjenlos ser, a cada uno nos tienen que aguantar nuestras amarguras.

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