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Arrepintámonos deveras

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Se decía en una aldea que una anciana señora era una vidente. El cura quiso averiguar la autenticidad de sus visiones. La llamó y le dijo: ¨La próxima vez que Dios te hable pídele que te revele mis pecados, que sólo Él conoce. 

La mujer regresó pocos días más tarde y el cura le preguntó si Dios le había vuelto a hablar. Y al responderle que sí, le dijo: ¨¿Y le pediste lo que te ordené? 

Sí, lo hice -respondió la anciana-. 

¿Y qué te dijo? -volvió a preguntar el religioso-. 

Dile al cura que he olvidado sus pecados -contestó la mujer-. 

Perdonar de veras es olvidar, pero no en el sentido psicológico de no recordar lo que pasó como si no hubiera pasado, sino en el sentido de no echarle en la cara al ofensor lo que él había hecho y sobre todo de no pensar en ninguna venganza. 

Algunos dirán que Dios no sabe perdonar del todo porque nos hará sufrir en el Purgatorio por los pecados que hemos cometido y que él nos perdonó. Dios ¿no nos perdona entonces del todo? ¿Qué respondemos a esta sospecha? 

Si Dios nos perdona del todo, ¿por qué entonces las penas del purgatorio? El motivo está no en que Dios no sabe perdonar sino en que nosotros no nos arrepentimos deveras. 

Muchas veces nuestro arrepentimiento tiene poco que ver con el amor, nos arrepentimos porque tenemos que pagar las consecuencias de nuestros errores y culpas pero no tanto porque hemos ofendido a Dios. Pagaremos en el Purgatorio aquella pena del pecado cometido que no pudo ser eliminada del todo por nuestro insuficiente arrepentimiento.

Una noticia que nos llena a todos de consuelo es saber que la indulgencia plenaria nos ayuda a superar la pena que tendríamos que pagar en el purgatorio.

Por eso es muy importante darle su debida importancia a la indulgencia plenaria y saber que para ganarla tenemos que estar en gracia de Dios y rechazar la vida de pecado.

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