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Hablando de huevos

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 Y comenzó, otra vez, la fiesta que el CUAltos le organiza a los Avicultores de Tepa.
Y otra vez, lo trascendente de la fiesta fueron los huevotes. Los que se convierten en lienzo para pintores y, también, de los que habló la Rectora Mara Robles al pedirles donación a los Avicultores Asociados para que regalen ocho mil piezas diarias durante dos años para hacer un experimento de cómo nutrir a los alumnos con base a lo que produce Tepatitlán.
 De nuevo hubo propuestas, retos. De nuevo pasará la feria y… el próximo año nos vemos.
 Algo ha faltado para que la pretensión de hacer un evento “internacional” tenga impacto en la sociedad.
 El CUAltos es un buen escenario, pero no para socializar una actividad como la que se anuncia.
El poderío de los avicultores no está a discusión. Siguen siendo altamente productivos, dignos de alabanzas en los discursos por ser la granja de la nación, por generar empleos y dotar de proteína animal a una parte considerable de la población mexicana. De eso no hay duda.
 Pero vuelve a saltar la duda, ya realizada otra edición, de si tiene algún impacto en la sociedad ese enorme esfuerzo que hacen, juntos, la máxima escuela tepatitlense y la máxima potencia económica local.
 ¿Cuándo pasara de lo anecdótico a la esfera científica y académica?
 El reto lanzado por la Rectora Mara Robles es un arma de doble filo. Puede ser el punto de partida para un ejercicio de vinculación entre los Avicultores y la Universidad. Pero también puede ser el puerto de llegada de una donación –una más- que harán los productores para atender una necesidad alimentaria. ¿Y si donan huevo, ya se cumple con la meta de la Feria?
 El tema resulta interesante. Aunque no muchos podemos hablar de ello, por nuestra ignorancia sobre la materia, por lo distante del Campus o porque, simplemente ni se es productor ni se es alumno universitario.

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