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Malos olores que nadie huele

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 Debió venir la Procuraduría Estatal de Protección Ambiental (PROEPA) a poner el dedo en la llaga. Abrió la puerta, puso el tema en la mesa, hizo señalamientos, abrió expedientes.

 Dieron el primero paso, ¿aguantarán dar el segundo?

 Esta semana, la Secretaría del Medio Ambiente jalisciense emitió sanciones a algunas empresas agropecuarias por no cumplir con las normas en el cuidado del medio ambiente, por contaminar aguas, suelos, aire y por no procesar adecuadamente a los animales que se les mueren, luego de sospechosas enfermedades.

 Y es que cualquiera sabe dónde apesta el río, dónde se queman gallinas muertas, dónde tiran vinazas, dónde queman ladrillos, dónde hay charcas de mierda de cerdo.

 Todos saben, menos las autoridades, ni las municipales (¿hay autoridad municipal de Ecología?), ni las estatales; y las federales sólo voltean hacia la Zona Metropolitana de Guadalajara o para las playas del Pacífico.

 Por ello, la noticia de que ya se atrevieron las autoridades a poner el tema sobre la mesa, es bueno.
 Es un buen inicio. Hay que arropar a Pepe Rosales, el delegado de Semadet, porque su chamba no es fácil. Pero no es un tema de él, no es el funcionario quien debe echarse la bronca solo. Le debemos ayudar los habitantes de la región.

 Donde haya anomalías, debemos señalar, denunciar. Ratificar la denuncia y exigir a los productores, granjeros y empresarios agropecuarios que cumplan la ley, ni más ni menos.

 Los animales siempre excretan, siempre mearán. Eso es natural; pero no lo es que se contamine nuestro entorno a costa de economía y de sueldos. Esas remuneraciones no están alcanzando, ni para comer, ni para vivir ni para recuperar la salud.

 El mal olor es típico. Dicen algunos turistas, medio chocantes, que, cuando llegan a Los Altos, comienza a oler a puerco o a gallina. Dicen los impertinentes, que aquí huele a granja siempre. Y por altivos que nos parezcan, tienen razón y, nosotros, sólo agachamos la mirada, nos sonrojamos o damos razones o pretextos.

 ¿Hasta cuándo pondremos soluciones?, ¿hasta cuándo seremos una sociedad responsable?

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