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Segunda oportunidad

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

A los 25 años, Lance Armstrong era el mejor ciclista del mundo. Entonces fue operado de un tumor cerebral y un cáncer en un testículo. Los médicos le dieron un 50 por ciento de probabilidades de sobrevivir. Después de su recuperación, un doctor admitió que le había dado sólo un 3 por ciento de éxito… Cuando le preguntaron si la dureza del tratamiento de cáncer le había llegado a deprimir, él dijo:  “No, pensé que estar deprimido era dañino; fue una temporada muy positiva en mi vida”.

Pero Armstrong quería algo más; aspiraba correr de nuevo. Y eso no sería fácil. De hecho, una vez abandonó en mitad de una carrera, algo que nunca le había ocurrido. Sin embargo, volvió después de esa recaída y continuó ganando, no uno, sino seis Tours de Francia consecutivos. Explicó: “Al no tener esperanza sólo nos queda una insoportable sensación de desesperación diaria, y esto te derribará. Hasta que no tuve cáncer, no vi claro cómo luchamos diariamente contra las crecientes contrariedades de este mundo, y cómo nos enfrentamos cada día al cinismo más descarado. El abatimiento y la decepción son los verdaderos peligros de la vida, y no alguna enfermedad repentina”.

Después de ganar el Tour de Francia de 1999, comentó: “Si alguna vez la vida te da una segunda oportunidad para algo, tienes que aprovecharla al máximo”. Eso es una buena noticia. Si tu actitud no ha sido la correcta en el pasado, tienes una segunda oportunidad.

Cuando nos ponemos a revisar lo que ha sido nuestra vida, llegamos a la conclusión de que necesitamos aprovechar todos las oportunidades que nos ofrece Dios Nuestro Señor para mejorar n todos los aspectos, pues mientras tengamos tiempo, no hay que perderlo, porque el tiempo perdido, como dic el dicho “los santos lo lloran”.

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