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Escuchemos a nuestra voz interior

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

En un hermoso jardín, con todo tipo de árboles, todos eran muy felices, excepto por uno muy triste. Porque no sabía quién era. 

“Te faltaba concentración”, le decía el manzano. 

“No lo escuches -exigía el rosal-, es más sencillo tener rosas y ¿ves que bellas son?” 

Y el árbol desesperado intentaba todo y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado. 

El búho, la más sabia de las aves, al ver la desesperación del árbol, exclamó: No te preocupes, tu problema no es tan grande, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas, sé tu mismo, conócete y escucha tu voz interior. 

Todo eso se lo preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió... Y cerrando los ojos y los oídos abrió el corazón y por fin pudo escuchar su voz interior: Tú jamás darás manzanas, ni florecerás cada primavera. Eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a las los viajeros, belleza al paisaje. Tienes una misión: cúmplela. 

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. 

No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser. Démonos ese regalo a nosotros mismos y también a quienes amamos.

Escuchar la voz interior, es decir la voz de nuestra conciencia que viene a ser la voz de Dios, es muy importante, porque si nos dedicamos sólo a escuchar las voces y las opiniones de tantas gentes que nos aturden, entonces nos vuelven locos y no podremos tener paz.


En cambio si nos proponemos escuchar la voz de Dios dentro del corazón, entonces seremos felices.

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