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Irse a la cargada

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 La masificación de la sociedad ha traído beneficios a quienes tienen el poder o a quienes buscan el control de la propia sociedad. Entre más homogénea, más fácil de someterla.

 En esa lógica, la masificación de la opinión pública o la opinión publicada en el pasado proceso electoral de Estados Unidos de América, nos deja una muy buena lección de lo que debemos atender, retener o atender como lectores, escuchas o audiencia de los medios, y ya no sólo de la TV o la Radio, sino ahora, muy especialmente de las redes sociales como el whatssap, el Facebook o todas esas herramientas que usamos para estar enlazados con los demás.

 ¿Cuánto racismo expresó el odioso Donald Trump?, ¿cuánto de ese odio se “creo” en las redes o en los medios tradicionales?, ¿cuánta furia se le lanzó a ese odioso Donald Trump?, ¿Qué haremos con tanto odio después de que ese personaje ganó, legítimamente en su país y con su sistema electoral, frente a toda la estructura del poder (allá sí se permite que hasta el Presidente del país opine y haga campaña abiertamente) que se aplicó a denostar al altanero candidato del pelo amarillo?

 La mayoría de mexicanos se fue con la estrategia que una minoría preparó como carnada para intentar hacer una imagen de un candidato. Imagen que no compartieron del todo los votantes americanos. ¿Trump es peor que Obama?, ¿Los comentaristas mexicanos saben más de política interna estadounidense que los ciudadanos clasemedieros de aquel país?

 Vimos durante semanas entrevistas de cómo unos cuantos se sentían ofendidos por el discurso del candidato Republicano, y fueron pocos, muy pocos medios (y cibernautas) los que dieron espacio a las “disidencias” de latinos y gringos que apoyaban a Trump.

 Lo que consumimos pues, en los medios, fue una campaña feroz de desprestigio, sobre un personaje que no sabe de política, pero que sí ha sabido de cómo ganar (dinero, glamour, adeptos o elecciones). Si será buen presidente o no, los gringos nos dirán en cuatro años. Acá nos rompimos las vestiduras opinando lo que quisiéramos o lo que nos pasaban en “memes” del proceso americano. ¿Aguantaremos la misma andanada cuando se venga el proceso mexicano del 2018?, haremos el mismo caso a los “memes” que nos envíen los paisanos desde EUA?; no lloraremos por la “intromisión” extranjera de emisarios y analistas?

 La estrategia de hacer bola ha sido usada desde siempre. Todos los imperios la utilizan para generarse adeptos o empujar odios contra sus enemigos. En pleno Siglo 21, seguimos siendo los ciudadanos, carne de cañón para campañas proselitistas. No analizamos, nos informamos poco, pero opinamos mucho. Generamos opiniones sobre otras opiniones, de lo que dicen que se ha dicho.

  Irse a la cargada está de moda. Hoy recibimos “cadenas” de mensajes en la intimidad de nuestro celular. Con la misma arrogancia que las recibíamos antes en los canales abiertos de televisión o radio. ¿Ahora a quién culparemos por manipularnos la información?


 Irse a la cargada sigue estando de moda. Hace cien años la moda irse “a la bola”; hace dos siglos lo “in” era ser “libertador”… seguimos siendo la misma especie, con las mismas aspiraciones, con los mismos vicios…

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