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Adiós a Don Ramón Martín

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 En la vida se va uno encontrando a gente con la que aprende uno mucho.

 Hay personas que, sin proponérselo, se convierten en guías de comportamiento para nosotros.

 Don Ramón Martín Martín fue uno de esos hombres que, con harta sobriedad, en el anonimato de su vida cotidiana, nos ha dejado un legado importante a quienes le conocimos.

 Don Ramón tuvo siempre un carácter recio. ¡Y cómo no!, huérfano de madre a los 9 y de padre a los 12, debió crecer, educarse, formarse con sus propios recursos, económicos y humanos. Debió forjarse su propio destino viajando, de su natal Capilla de Guadalupe, primero a Guadalajara, luego a Estados Unidos, pasando hasta Canadá y luego regresando a Tepatitlán, donde decidió asentarse junto a su siempre amada Luz María (Doña Lucha, para sus familiares y amistades).

 A mi “Tocayo”, como me permitió decirle, le escuché muchas aventuras de vida. Qué buen conversador fue. Me platicó de cómo competía en su rancho, de cómo debió pelear, jugar trompo, canicas, correr caballos; de cómo debió hacerse valer por sí mismo y con el apoyo de sus hermanos y hermanas, ante un mundo cruel, como lo suele ser para quienes quedan huérfanos a temprana edad en un ambiente rústico, como el de Capilla de Guadalupe de principios del Siglo pasado.

 Los pocos ahorros que hizo en el comercio (trabajó como ayudante de boticario), más lo que pudo hacer en sus faenas en el Norte, le permitieron hacerse de un camión. Montado en ese vehículo de carga, junto a su inseparable Doña Lucha, sacaron adelante a sus nueve hijos. Todos y todas  (nueve) gente de bien.

 De carácter recio; altamente competitivo, jugó beisbol, practicó el futbol. Sus compañeros de equipo le recuerdan, y muy bien, cómo se enojaba consigo mismo cuando no lograba sus metas o las jugadas no salían como él esperaba. Era coraje, pero no malsano. Le enojaba la falta de seriedad, la falta de compromiso, la falta de honestidad.

 Ya en sus últimos años productivos, en su negocio de mangueras y conexiones, pasó largas horas armando los sistemas de enfriamiento, hidráulicos y de combustión para maquinaria pesada y camiones de carga.

 Hombre íntegro, de una sola pieza. Dedicado absolutamente a tres cosas: a Dios, a su familia y a su trabajo. Los tres pilares de su existencia hasta sus últimos momentos.

 Don Ramón Martín partió con el Señor el martes 24 de enero pasado, acompañado de sus hijos y casi todos sus nietos. Recibió lo que él sembró: respeto, admiración, devoción de sus hijos, bendiciones para sus allegados.

 Cuando en la vida encontramos a personas como Don Ramón Martín, descubrimos que sí, que sí hay mexicanos íntegros, ejemplo de honradez, hombres de palabra; respetuosos de la vida, de la sociedad y pilares de su familia.

  Le dimos un adiós a una gente sencilla, a un amigo, a un ejemplo de vida.

Adiós Don Ramón Martín. Hasta siempre Tocayo.

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