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Tropezando con Jesús

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Una piadosísima mujer iba todas las mañanas a rezar a la capilla del barrio, lloviese o con sol, sana o enferma; a las 7 de la mañana en punto era la primera en llegar, empujar la puerta y rezar. 

Una mañana despertó sobresaltada. ¡Se había dormido! ¡Eran las 6:50 y no llegaría puntual! Aprisa se levantó, se peinó y se vistió como pudo. Al salir casi tropieza con un viejito en bicicleta, éste aterrizó. Ella iba muy apurada y no paró para detenerse, apenas logró esbozar una disculpa y continuar. 

Después, se le cruzó una mujer que le pidió una ayuda para una consulta en el hospital. ¨Perdone, estoy apurada¨, pero sin detenerse se lo dijo y siguió. 

Un niño le pidió un poco de pan. ¨Disculpa, hijito, pero tengo una cita con Dios y no puedo llegar tarde”. 

Cuando por fin llegó a la capilla, vio el reloj, ¡eran las 7:00 en punto! Muy emocionada de no haber fallado a su cita, empujó como de costumbre la puerta de la capilla, pero no se abrió. Lo volvió hacer con más fuerza, y nada. 

¡Qué extraño! Jamás en los doce años que llevaba con su diaria rutina había encontrado la puerta cerrada. Pero notó que había una nota clavada con una tachuela en la puerta de la capilla. Desconcertada, la desclavó y la leyó. La nota, escrita como con apuro decía: ¨Perdón por no estar aquí. Esta mañana tuve un accidente en la bicicleta, y encima después no pude conseguir el dinero para ir al hospital, ni un poco de pan para desayunar, así que es probable que llegue un poco tarde. Firma: Dios¨.


Muchas veces se nos embota la mente y no alcanzamos a descubrir que ese Jesucristo que encontramos en el sagrario de cada templo, también lo podemos encontrar en la calle, en la casa, en el trabajo y en las diversiones, por eso debemos estar con lamente muy despierta y no nos vaya a pasar lo mismo que a ala señora. 

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