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Han oído que se dijo a los antiguos… Pero yo les digo

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Por Oscar Maldonado Villalpando

6º Domingo ordinario.
Primera lectura: Sirácide 15, 16-21.
Salmo: 118.
Segunda lectura:   ICo.   2, 6-10.
Tercera lectura: Mt. 5, 17-37.

1.- Nadie tiene permiso de pecar

Dios da las opciones. Se puede ir por el camino bueno o se puede tomar el camino equivocado. “Si tu quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya”

Delante del hombre están la muerte y la vida; le será dado lo que él escoja. El Señor conoce todas las obras del hombre. Lo básico es que existe el bien el mal. Esto es en contra de la actitud relativista e individualista que consiste en tomar como criterio el propio parecer, quitando la objetividad de las acciones.

Este domingo pues es un llamado a reconocer la autoridad divina. Dios es quien dicta la ley natural. Al principio del mundo Dios dio la ley natural. Y llegada la época mesiánica, la venida del Hijo del hombre, Jesucristo tendrá la autoridad para formular una ley nueva, que sería perfeccionamiento y plenitud de la ley primitiva.

Dichosos el que cumple la voluntad del Señor.
Dichoso el hombre de conducta intachable,
Que cumple la voluntad del Señor.
Dichoso el que es fiel a sus enseñanzas
y lo busca de todo corazón.

Tú, Señor, has dado tus preceptos
para que se observen exactamente.
Ojalá que mis pasos se encaminen
al cumplimiento de tus mandamientos.

Favorece a tu siervo
para que viva y observe tus palabras.
Ábreme los ojos para ver
las maravillas de tu voluntad.

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes
y yo lo seguiré con cuidado.
Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón.

2.- La sabiduría divina
La sabiduría del cristiano no es la del mundo. No es la astucia de este tiempo. Es una sabiduría misteriosa, prevista por Dios desde antes de todos los siglos.
La enseñanza cristiana es muy superior a los sistemas e ideologías porque se basa en el amor, porque es expresión del ser de Dios.  
“Lo que Dios ha preparado para los que lo aman, ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado, ni la mente del hombre pudo ni siquiera haberlo imaginarlo”.

3.- La nueva ley
Una ley más perfecta.
Han oído que se dijo a los antiguos, pero yo les digo.
Es el único que puede meter la mano y hacer estas enmiendas a la ley de Dios.   A últimas fechas vemos el intento del hombre de cambiar la ley fundamental de la conducta humana. Y eso no dará jamás buenos resultados.   Serán recetas destructivas, como suele acontecer.

La ley nueva es la de Cristo, que perfecciona la vida humana y le da plenitud.

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