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Las maldades de los bonos

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 Comenzamos este año con manifestaciones, mentadas de madre, reclamos y reproches para los gobiernos por el gasolinazo, por el incremento en los precios del gas y por los costos de la vida en nuestro país.

 Muchas, cientos, miles de expresiones de presión hacia los gobiernos, de todos los niveles, de cualquier color, se hicieron sentir.

 Como respuesta a esos reclamos, varios gobernantes anunciaron estrategias de “ahorros”; organismos como el Instituto Nacional Electoral (INE) suspendió la construcción de su nueva sede nacional y devolvió más de mil millones de pesos que serían destinados a esos fines. Algunos gobernantes, líderes de partidos y funcionarios se sumaron a la ola de “descuentos”, de “reducciones”, de “ajustes” a los presupuestos para acomodarse ante la opinión pública y quedar bien.

 Sin embargo, hay voces que disienten de esas devoluciones; no faltan los incrédulos de que sirva de algo “apretarse el cinturón”, pues hay quien se atreve a mal pensar que con esos ahorros y devoluciones, el gobierno federal pueda tener más dinero para aplicarlo de manera discresional.

 ¿Por qué las dudas?

 Bueno, porque el gobierno “está para hacer lo que la ley les manda, no más”;  y la ley les manda cobrar sus sueldos, aplicar presupuestos y deben cuadrarse las cuentas para no tener observaciones posteriores ante las auditorías respectivas, ante las Contralorías.

 Si las leyes de ingresos, los presupuestos y las disposiciones ya aprobadas el año pasado no es modificado, entonces lo que se “devuelva” al ejecutivo puede ser empleado por éste como “excedente” y entonces aplicarlo en lo que a su juicio es lo correcto.

 Esa es la explicación que me dio un legislador que no vive en nuestra región. “Yo no voy a devolver los bonos ni los sueldos, porque nadie me garantiza que será utilizado ese dinero a favor del pueblo; prefiero comprar artículos que apoyen a gente con discapacidad, a gente en situación vulnerable y repartir todo ese dinero. Nos vemos mal por no salir a hacer populismo y mostrarnos dizque sensibles; pero yo no confío en los funcionarios del Ejecutivo, o me lo gasto yo en ayudar a la gente de mi región, o se lo gastan otros, en no sé qué”.

 Ese fue su planteamiento y su explicación cuando le reclamé a ese legislador por qué no renunció a sus bonos, por qué no se redujo su sueldo, por qué no se subió a la ola de bondadosos políticos…


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