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Ahí vienen a extorsionar

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• Antes los colgaban de los postes del telégrafo 

   Lo escuché o lo leí alguna vez. Que después de la Revolución Mexicana, en la segunda década del siglo pasado cuando se desató el furor agrarista por el reparto de la tierra, mientras en otras regiones del país -especialmente en el sur y el sureste- tuvo gran éxito éste y se crearon infinidad de ejidos; en Los Altos de Jalisco a todo el que vino exigiendo tierras lo colgaron.

   En aquel tiempo -como empieza diciendo siempre el sacerdote al dar lectura al Evangelio- el telégrafo aún necesitaba de cables y postes, no se habían modernizado las telecomunicaciones que ahora funcionan a través de ondas electromagnéticas que van y vienen a y de los satélites (todo es inalámbrico); y había por toda la orilla de la carretera entre Tepatitlán y Guadalajara (y de todas las carreteras de país) postes que sostenían los cables por los que se transmitían los telegramas, la gente grande aún los recuerda, y de cada poste, dicen (aunque ya no hay muchos que lo recuerden) colgaba el cuerpo de algún agrarista, primero, y de algún cristero o soldado federal después.

   Dicen que era aquello un espectáculo macabro, pero que sí se acostumbraba colgar de los postes del telégrafo a los revolucionarios. Yo no sé si sería aquello un colgadero, o con uno que hayan colgado se originó la leyenda, lo que sí es cierto es que en Los Altos de Jalisco no prosperó el agrarismo, aquí no hay ejidos.

   Y qué bueno, porque ese sistema de tenencia de la tierra fracasó en unas cuantas décadas, pues le dio en la madre a la producción agrícola y ganadera del país. Nadie cuida lo que no es suyo y las parcelas no eran propiedad de los ejidatarios, podían tener la posesión y trabajarlas, pero no se podían comprar ni vender. Además, si a cada ejidatario le entregaba el gobierno 10 hectáreas y si éste tenía dos hijos (en el mejor de los casos) les heredaba 5 a cada uno, y si éste a su vez tenía dos o más hijos, imagínese lo que les tocaba de herencia a cada uno.

   El sistema fracasó y se tuvo que reformar la ley, ya se pueden comprar y vender legalmente los derechos ejidales, pero ya se le hizo al campo mexicano un gran daño con la colectivización de la tenencia de la tierra y con la consiguiente atomización de la producción agrícola. Fracasó el ejido, como muchas otras cosas emanadas de la Revolución Mexicana (al parecer toda revolución da como resultado un par de cosas: justicia, momentánea y pasajera, y el atraso de los pueblos. Y con frecuencia otra dictadura), como el sindicalismo charro y nefasto que tanto ha perjudicado a nuestro país.

   Como el de los petroleros y los maestros. El primero sólo ha servido para hundir a la paraestatal (hay jubilados de Pemex que cobran 250 mil pesos de pensión al mes, lo que gana cualquier otro trabajador en 5 años); y el segundo para mantener en el atraso al país entero, pues su sindicato les permite que dé clases cualquier burro… y cuando quiera, de lo cual por supuesto no tienen la culpa los maestros, mucho menos los buenos maestros que son la mayoría, estamos hablando del sindicalismo como tal, no de los maestros como personas. La semana pasada muchos estaban jugando futbol y basquetbol  en viernes, no pueden jugar los sábados y domingos, tienen que ser entre semana para suspender las clases, y así los niños crezcan recibiendo este ejemplo de irresponsabilidad.

   Sus razones tendrán, por supuesto, y deben ser válidas, el calendario escolar permite suspender clases para los encuentros magisteriales. Pues sí, pero si no fuera por el sindicalismo dañino (para el país, no para ellos), no gozarían de estas canonjías que a los demás nos parecen perjudiciales para la educación de los niños.

   Y bueno, el tema del sindicalismo viene a cuento, porque se sabe que viene a Tepa una brigada de la CTM para acalambrar a empresas y comercios cuyos empleados no están sindicalizados, básicamente para sacarles una lana, para extorsionar a los patrones. A los que se dejen, claro.

   Si el sindicalismo fuera auténtico, si los sindicatos defendieran los derechos de los trabajadores sin afectar demasiado a las empresas, es decir, sin estirarle tanto a la cuerda hasta que se revienta, nada tendría yo contra los sindicatos, pero no es el caso, sé de algunos que han llegado a quebrar a las empresas con sus exigencias, y de otros que simplemente traicionan y desamparan a los trabajadores, especialmente las centrales obreras, y se dedican a vivir de los obreros, son “obrereros”, como los “campesineros” que viven de los campesinos, los panaderos del pan y los carniceros de la carne. Nada más.

   Y esto que vienen a hacer a Tepa es su manera de vivir, su modus vivendi. Conozco a los líderes sindicales y los he visto actuar, llegan a una obra en construcción y le exigen al constructor o al dueño de la obra que los albañiles estén sindicalizados, como si fuera ésta una obligación y no un derecho, lo amenazan con parar los trabajos y no falta el patrón que se asusta, les da un dinero y se van.

   El Seguro Social sí tiene atribuciones legales para detener los trabajos de una obra si no están los obreros (cuya integridad física corre algún peligro) sindicalizados; las centrales obreras y los sindicatos no,  es un derecho de los trabajadores afiliarse a un sindicado, no una obligación. Como está en su derecho un patrón, claro, de correr a algún trabajador, aunque si lo hace injustamente o sin motivo, para eso está la autoridad del Trabajo, para mediar y ver que se haga justicia.

  No se deje sorprender. Si llegan a su empresa o negocio y le exigen que sus tres, seis, diez o más empleados estén sindicalizados, mándelos al carajo, no se deje extorsionar, no les dé ni un centavo. Si algo les pensaba dar, repártalo mejor entre sus empleados, trátelos bien y nunca tendrán necesidad de afiliarse a ningún sindicato, ni se expondrán al riesgo de ser explotados por líderes vividores que es lo único que saben hacer.

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   Dicen que antes los colgaban, no digo que haya que hacerlo ahora, líbreme Dios, pero sí hay que mandarlos a Chihuahua a un baile, mínimo.

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