Últimas Noticias:
Loading...
,

A unos sólo nos despertó, para otros fue una tragedia

Share on Google Plus

La crónica

• Explosión de gas acumulado tumbó 2 viviendas

• Vicus murió, Ana María aún lucha por su vida

• Otras casas casi destruidas y muchas con daños

• El alcalde Hugo Bravo apoya a damnificados


Por Gabriela González Ontiveros

Eran las 6:30 cuando un estruendo levantó a los habitantes del fraccionamiento Juan Pablo II. Nadie sabía lo que sucedía, para algunos los vidrios de sus ventanas se habían roto, a otros sólo los habían despertado el trueno, pensaron que era un mal sueño, pero los sueños no cimbran las puertas. Todo era confusión. Y a los 5 minutos las calles ya estaban llenas de personas en pijama que salían a ver qué había sucedido.

Los que estaban más cerca de donde provino el estruendo pensaron que se habría tratado de un choque, uno muy fuerte. Los vecinos de la calle Florencia se dieron cuenta de que había vidrios y escombro regados por la calle, pensaron que habría chocado algún vehículo contra una casa, corrieron al lugar para ver en qué podían ayudar, pero cuando se acercaron se dieron de que no había ningún carro, pero tampoco había ya dos casa, donde hasta la noche anterior estaban las números 1723 y 1725 de dicha calle Florencia, había ahora sólo una nube de polvo y escombro.

Mientras algunos llamabas al 911 otros corrían hacia donde se veía esa nube de polvo para ayudar a salir a quienes podrían estar atrapados. Así fue como vieron a Ana María y a Ismael que intentaban salir de entre los escombros. Inmediatamente fueron hacia ellos y mientras unos cargaban a Ismael otros ayudaban a Ana, quien había salido por su propio pie y decía: “había un olor a gas y me levanté a ver de dónde venía, cuando prendí la luz explotó…”


¿Y el vecino de al lado?

Nadie sabía si el vecino de la otra casa colapsada se encontraba en el lugar, sólo vieron a Ismael y Ana salir de lo que fue su vivienda. Los cuerpos de emergencia llegaron poco a poco, bomberos, policía, tránsito, protección civil… Una persona resultó levemente herida por los vidrios, otra tenía un ataque de histeria, y al ver el escenario no era para menos.

Los habitantes de Juan Pablo II -la última colonia de Tepatitlán antes de llegar al Libramiento- rodeaban el lugar intentando saber qué había ocurrido. Al pasar los minutos se dieron cuenta, los rostros de incertidumbre eran notorios en todos. ¿Qué provocó tanta destrucción? Acumulación de gas, fue lo que determinó ese día Protección Civil del Estado, aunque el dictamen oficial lo daría días más tarde Ciencias Forenses.

Los bomberos observaban detenidamente la zona de destrucción. No había incendio que apagar, inclusive el agua corría por la calle a chorros, ya que debido a la explosión la manguera del agua se reventó, lo único que les quedaba por hacer era acordonar la zona y evacuar a las personas de sus casas. Para ese cuerpo de emergencia de la ciudad, era ésta la primera vez que sucedía algo así en Tepa.

Ismael “Vicus” se murió

Ana María e Ismael fueron llevados al hospital, Él tenía quemaduras en el 98% de su cuerpo, Ella iba con una 40% y aun así estaban conscientes, pero los pronósticos no eran alentadores, y menos para Ismael que unas horas más tarde falleció en el hospital dejando a su pareja luchando (hasta el día en que escribimos esto) por su vida.

A medida que iba avanzando la mañana, varios dueños de casas que rentaban sus viviendas a otras personas, al saber de la noticia fueron llegando para ver los daños. Tardaron un rato en poder saberlo, ya que Protección Civil del estado no lo dejaba pasar hasta que no estuvieran seguros de que ya no había peligro. Cuando por fin pudieron pasar se encontraron con vidrios rotos, puertas desprendidas, paredes cuarteadas y protecciones de ventanas dobladas… Las caras largas se podía observar por todos lados.

El recuento de los daños: 2 casas colapsadas, una más -que no estaba habitada- tuvo que ser derribada debido al peligro que representaba, 2 más con daño estructural, y al menos 20 viviendas más con daños parciales como vidrios y puertas rotas.

Y llegó el Alcalde solidario

Durante el transcurso del día -domingo 4 de junio- la calle Florencia fue un ir y venir de personas, autoridades municipales, personal de Ciencias Forenses (antes SEMEFO), reporteros y personas curiosas que querían ver los trabajos de limpieza. El alcalde Hugo Bravo llegó a eso de las 7 de la tarde al lugar para hablar con los vecinos, inmediatamente fue rodeado por ellos que hacían todos la misma pregunta: ¿Quién va a pagar los daños?, ¿a dónde irían? Hugo les prometió ayuda. Para comenzar dejaría a dos elementos policiacos toda la noche, para cuidar las viviendas de los vecinos que no podrían cerrar sus puertas, eso ya era ganancia, ya que las patrullas poco se ven por el fraccionamiento en días normales; además -dijo- vería la forma de cómo ayudarlos para reparar los daños, mandaría al director de Obras Públicas al día siguiente y los vería en la presidencia también al día siguiente para ver y avisarles qué procedería.

Y así llegó la noche… no con calma para los afectados. Al día siguiente, como lo prometió el Dr. Hugo un día antes, David Martín del Campo, director de Obras Públicas, llegó al lugar para ver los daños y junto con otras personas del ayuntamiento harían un censo para conocer la exacta magnitud de los daños. Al mediodía los vecinos llegaron puntuales a la cita con el Presidente, y éste les hizo saber que el Infonavit tendría que cubrir los daño, ya que las casas están aseguradas, pero que el ayuntamiento les pondría un abogado para que a través de él gestionaran todo el papeleo y los ayudara en caso de que el Infonavit pusiera algún pero: “No paguen nada hasta que el Infonavit haga su dictamen, hoy mismo personal de Guadalajara llegará con ustedes, cualquier pregunta o duda apóyense en el licenciado que está aquí, él los va a ayudar”, les dijo Bravo Hernández.

Al mismo tiempo los vecinos decían que un día antes Protección Civil les decía a cada uno que tenían que demandar a la pareja que vivía en la casa donde sucedió la explosión para que estos pagaran los daños. “Yo no podría hacerlo -dijo una de las afectadas- con qué cara voy a hacerles eso, Vicus falleció, Ana está muy grave, ellos no tienen dinero y no tienen la culpa, fue un accidente, nadie pensamos demandarlos”.

Los que se salvaron


César no estaba muerto… andaba en una pachanga

La casa con el número 1723 (una de las dos que desaparecieron) era habitada por César, quien estudia Leyes y vivía ahí sólo con sus tres perros. Cuando las cosas se derrumbaron nadie sabía si César estaba ahí. La pareja ya mencionada salió con ayuda de los vecinos, pero ni el joven ni sus mascotas salían de entre los escombros, y solo se veía eso, escombros.

Los cuerpos de emergencia se llevaron a Ana y a Ismael. La noticia se supo en toda la ciudad (básicamente a través de las redes sociales de 7 días), y los familiares de César intentaron sin éxito contactarlo. Protección Civil del Estado comenzó a remover escombros para ver si el joven estaba debajo de ellos, pero no fue sino hasta más o menos las 10 de la mañana cuando César se dio cuenta de que todos lo estaban buscando. La noche anterior había acudido a una fiesta de graduación, y como se le hizo tarde prefirió quedarse a dormir en la casa de una amiga, por lo que no llegó esa noche a su casa. Estaba sano y salvo, mientras la que había sido su casa estaba totalmente colapsada.

Los perros, bien acalambrados

Su hermana fue la primera en llegar al lugar sabiendo ya que su hermano estaba bien, ahora querían ver qué se podía salvar de la vivienda. Cuando llegó y se encontró con que no había nada que salvar, pensó que los perros habrían corrido la misma suerte, pero igual los llamó, sabía que eran muy queridos por su hermano, y cuál no sería su sorpresa cuando vio que dos de los tres perros salieron de entre los escombros, estaban tan asustados que se mantuvieron ahí hasta que escucharon una voz conocida. César llegó como a las 11, y no fue hasta entonces que ayudaron todos a remover algunos escombros más atrás, cuando su tercer mascota apareció, estaba atorada y asustada pero sin un rasguño.

“Mi hijo estaba muy triste por todo lo que pasó. Ver la casa así, aún no podía creer que el haberse ido a una fiesta le hubiera salvado la vida… Pero ver a sus perros con vida en medio de ese desastre… Es increíble, Dios no quiso que les pasara nada”.

Ivette, su marido y su niña no durmieron ahí

La casa 1721 no se desplomó totalmente como la 1725 y la 1723, pero sí quedó inhabitable, sin puertas, vidrios rotos, paredes cuartedas, casi todo salió volando. Pero esa noche los ocupantes de esa casa tampoco estaban ahí. Al caminar por el lugar después de la explosión, los vecinos decían “esa casa se va a caer hasta con un soplido”.

“Mi nieta tenía temperatura -narraba María del Carmen, dueña de la 1721-, la casa es nuestra, pero los que viven ahí son mi hija Ivette, mi yerno y mi nieta. Ese día mi nieta estaba enferma y la llevaron al hospital, el doctor les dijo que era preferible que se quedara internada para su observación, por lo que ellos pasaron la noche en el hospital, gracias a Dios, si ellos hubieran estado en casa esa noche, no quiero ni pensarlo…”

Yuriana y Mario estaban en otro cuarto

Para Yuriana Huerta y Mario Alberto, quienes viven en la calle Palermo, justo a espaldas de la casa donde se originó la explosión, les tocó estar en compañía de su hijo pequeño. Tenían días arreglando el cuarto de atrás, por lo que su hijo dormía con ellos en el cuarto que da a la calle.

“Estábamos dormidos cuando se oyó una explosión y los vidrios de la ventana se rompieron y le cayeron a mi hijo, pero él ni cuenta se dio, dormía profundamente, lo levanté y le quité los vidrios de encima para ir a la parte de atrás y darme cuenta que parte de la pared de ese cuarto de ya no estaba”, contaba Yuriana.

“Mi marido salió por el boquete y vimos todo el caos, la pareja intentaba salir de entre los escombros con ayuda de vecinos, yo le pasé unas cobijas a mi marido para que los cubrieran, el señor era el más lastimado”.


“Todas las ventanas se rompieron. La mayor parte de la pared del cuarto se cayó, y la pared del patio ya me dijeron que tenían que tirarla también porque está pandeada, un vecino que tenía ladrillos nos los dio para tapar una parte del hoyo que tenemos en el cuarto y lo demás lo tapamos con una lona -comentó Mario-, me urge arreglar eso, pero gracias a Dios todos estamos bien”.

You Might Also Like

0 comentarios