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La Divina Providencia

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• Prohibido hablar de religión, de política y de futbol

• Pero se trata de la fiesta de mi barrio, se justifica

Hoy dedicaré este espacio, por primera vez, a un asunto religioso.  No me gusta hablar de religión, porque hay muchas (las respeto a todas) y puedo provocar la incomodidad de algunos practicantes de otro credo y se arma la discusión que se vuelve interminable.

En alguna ocasión el exalcalde de Tepa Rodolfo Camarena Franco me contó un chiste, según el cual había una cantina en el pueblo en la que estaba prohibido hablar de religión, de política y de futbol, pero sucedió que llegó a la misma un fuereño que no sabía de tal prohibición. Se acercó a la barra, pidió un tequila y tras darle el primer sorbo trató de hacerle plática al cantinero:

    - Y dígame cantinero, ¿cómo ve al Papa Francisco que le hizo el feo a Donald Trump ahora que visitó éste el Vaticano?

   - ¡Cállese amigo!, aquí está prohibido hablar de religión. Si lo escucha otro que no sea católico se arma la discusión y se prende la mecha…

   - ¡Achis achis! disculpe usted…

   Se tomó el hombre su tequila, callado, tranquilo y pidió otro, le dio el primer sorbo y preguntó:

   - Oiga cantinero, ¿y cómo ve, ahora sí gana el Peje la Presidencia?

   - ¡Cáaaaallese  hombre!, está prohibidísimo hablar aquí de política, ahorita brinca alguien del PRI o del PAN y se convierte esto en una cena de negros que va a terminar con muertos y heridos…

   - ¡Achis achis los mariachis! ¿tanto así? Bueno, está bien, ni una palabra más de política.

   Se tomó el hombre su segundo tequila, pidió el tercero y tras darle el primer sorbo intentó hacerle plática al cantinero por tercera vez:

   - Oiga, ¿y cómo ve, sí fue penal de las Chivas el que no marcó el árbitro en la final perjudicando así a los Tigres?

   - ¡Cáaaaaallese la boca por favor!, no sea imprudente, si empieza a hablar de futbol se va a soltar aquí la tracatera y va a haber muchos muertos. Por favor…

   - ¡Achis achis los mariachis, cuántos indios, cuánto apache! No pos… aquí no se puede hablar de nada.

   Se quedó el hombre mudo. Se terminó su tequila y antes de pagar y retirarse preguntó tímidamente:

   - Oiga, y podemos hablar de mujeres?

   - ¡Áaaaandele!, de mujeres claro que sí podemos hablar.

   - ¡Pues vaya usted y ch… a su madre!

   Pues sí, la mamacita del cantinero era mujer, y era el único tema del que se podía hablar.

Por eso no me gusta mucho hablar de religión, pero esta vez haré una excepción porque creo que vale la pena. Debo decir que mis creencias religiosas tienen que ver más con la razón que con la fe.

No creo en Dios porque me lo hayan enseñado de chiquillo en la doctrina, ni porque haya sido incluso monaguillo y me haya aprendido las oraciones en latín y a cantar el Gloria en ese idioma. Aunque usted no lo crea, a los 10 años de edad ya hablaba yo, además del español, en latín, latón y lámina de cartón. Pero no fue en ese tiempo ni a esa edad cuando aprendí a creer en Dios.

Creo en Dios porque mi razón y mi lógica me dicen que existe Dios. Mire usted: si veo una mesa de madera, mi razón y mi lógica me dicen que necesariamente la hizo alguien, un carpintero que es más chingón que la mesa; si veo una computadora, con tantos programas tan complicados que jamás llegaré a dominarlos todos, mi razón y mi lógica me dicen que necesariamente la construyó alguien, un ingeniero en Sistemas o un licenciado en Informática que obviamente es más chingón que la computadora; y si veo a un ser humano, cuya mente es miles o millones de veces más complicada que el software de una computadora, mi razón y mi lógica me dicen que necesariamente hay un ser supremo, creador del universo, que hizo a esa persona, a ese ser humano, y que obviamente ese creador está por encima de la raza humana y de todo cuanto existe.

Ahora bien, yo soy católico pero no confundo a Dios con la religión, ni a la religión con la iglesia, ni mucho menos a la iglesia con los curas. Creo en Dios, creo y acepto muchas normas y preceptos de la religión pero no todo; formo parte de la Iglesia, la Iglesia somos todos, los sacerdotes y obispos, los feligreses, los templos… Y de los curas estoy seguro de que la inmensa mayoría se dedican a su ministerio y a la salvación de las almas, pero son humanos y como tales fallan algunos, y por estos que fallan, los enemigos de la Iglesia (y los ignorantes) los condenan a todos.

 Y entrando en materia, en el motivo original de este comentario, debo decir que en lo que sí creo a ciegas es en la Divina Providencia, la que nos asiste y resuelve nuestros problemas cuando éstos nos afligen porque parecen tan graves que no tienen solución. Cuando he estado abatido por una gran bronca, me acuerdo de que Jesucristo resucitó al tercer día, y que no pasarán tres días sin que se resuelva mi problema. Y así ha sido, nunca me ha fallado la Divina Providencia.
   
La Providencia de Dios dirige el curso de la historia de la humanidad. Especialmente en la Biblia vemos cómo guió al pueblo de Israel, cómo preparó a la humanidad para la venida del Mesías, y aunque tal vez no nos damos cuenta, sigue guiando a la humanidad hacia el fin de este mundo terreno y el paso a la eternidad.

Esta atención amorosa de Dios y el gobierno y la dirección que ejerce en el universo, es lo que se denomina la “Divina Providencia”. “Providencia” viene del verbo latino “providere” que significa “proveer”.
   
Y bueno, hay fiesta en la parroquia de la Divina Providencia de Tepatitlán, que se encuentra en la colonia El Pedregal. Comienza este sábado y termina el próximo fin de semana, el domingo.

  
“Hay tantas pendejadas que nos alejan de Dios…” -dice casi con desesperación y hasta un poco enojado el padre Chuy Flores, párroco de la Divina Providencia-  que me parece que es ésta una buena oportunidad para acercarnos, en su fiesta, a la Divina Providencia. Está usted invitado.

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