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Nuestro lado débil

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Un joven de 15 años sufrió un accidente con su ciclomotor y tuvieron que amputarle el brazo izquierdo. Luego de un año de recuperación decidió aprender Judo. Su Sensei (maestro) era un anciano experto en este arte marcial.
Al cabo de tres meses y pese a demostrar gran entusiasmo, el maestro sólo le había enseñado un movimiento. Lo aprendió a la perfección, pero comenzó a aburrirse. Pidió al maestro que le enseñara más y él le dijo que por ahora era todo lo que él necesitaría aprender.

Cansado de repetir hasta el cansancio la misma toma miles de veces, abandonó la práctica. Una tarde recibió un llamado del maestro invitándolo a competir en un torneo.  

Luego de varias rondas clasificó para disputar la final. Su adversario era grande y demostraba mucha destreza. El sentía poca confianza pero el maestro lo alentaba a continuar.

Fue una larga lucha, su oponente perdía concentración. Rápidamente, el muchacho aprovechó esto y logró vencerlo. De regreso a casa el muchacho preguntó: "¿Cómo pude ganar un torneo con sólo un movimiento?"
El Sensei contestó: "Tú has logrado dominar uno de los movimientos más difíciles en el judo. La única defensa contra esa toma era que tu rival se agarrase de tu brazo izquierdo".

Todos tenemos un brazo izquierdo, un flanco aparentemente débil. Cuando concentramos el foco y logramos transformar esa debilidad en una fortaleza, el resultado sobrepasa cualquier expectativa, derriba toda estrategia. Ser fuertes en nuestra debilidad nos hace imbatibles.



A veces se escucha entre la gente el comentario de que hay discapacitados pero eso es una equivocación, porque lo más correcto es llamarlos “personas con capacidades diferentes” pues cuántas habilidades se han venido descuidando en ellos y ellas.

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