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Deforestación

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En la semana que recién termina, el miércoles para ser exactos, se celebró el Día Mundial del Árbol. Qué maravillosa ocasión para apreciar y valorar en toda su magnitud la importancia de la naturaleza, de los árboles fundamentalmente, que transforman el bióxido de carbono en oxígeno, sin el cual no habría seres vivos en este planeta. 

También es digno de tomar en cuenta que la belleza de los paisajes poblados de árboles, o sea los bosques, proporcionan imágenes que invitan a la reflexión, al descanso y a la meditación.  

También es cierto que la abundancia de ellos atrae la lluvia que alimenta a otras plantas, arbustos, animales y seres humanos. De ahí que es imprescindible la presencia de los árboles en nuestra vida, porque además de su madera surge el papel, los muebles, algunas casas y muchos otros elementos que se componen de su valiosa corteza.  

El problema es que nosotros los seres humanos no tenemos conciencia y responsabilidad de usar los árboles a nuestro favor y servicio, y acabamos por destruir o talar enormes cantidades de ellos, ya sea para la industria o para utilizar los terrenos donde están para otros propósitos.  

Es el caso de muchos países y por supuesto que Arandas no escapa al abuso que se ha cometido contra los árboles en el municipio, donde durante muchos años se permitió o toleró una tala indiscriminada que acabó dejando a nuestro territorio como zona semidesértica.  

Ese criminal y desproporcionado abuso en la tala de los árboles fue primero para la fabricación de tacones, luego para fraccionar y permitir el crecimiento de la zona urbana, pero después se permitió arrasar con enormes cantidades de plantas con el propósito de sembrar el agave que se cultiva en Arandas y que es innegable que forma parte muy importante de la generación de empleo y de bienestar para las familias y riqueza para los industriales.  

Sin embargo no hubo ninguna planeación, de tal suerte que no se plantaron más, como se acostumbra en los países del primer mundo donde plantan muchos árboles después de derribar uno, y las consecuencias las estamos viviendo y cada año que pase será peor.  

El calentamiento global por más que volteemos la mirada hacia el otro lado es una circunstancia que está ocurriendo en todo el mundo y que no queremos ver. Es imposible no darse cuenta de lo peligroso que está ocurriendo al sentir temperaturas muy elevadas en donde no hace mucho tiempo el clima era templado y la lluvia más abundante. Ahora es al revés, el calor ha rebasado ya los 50 grados centígrados en algunas partes de la República Mexicana como en Mexicali, Hermosillo, Culiacán, Mazatlán, Monterrey y otras ciudades del Norte, lo que tiene a sus habitantes sufriendo de temperaturas muy elevadas que obviamente repercuten en la salud de la gente, por la descomposición de los alimentos y el cáncer en la piel que se ha incrementado en gran medida. 

Si le echamos un ojo al Escudo Heráldico de Arandas, podremos apreciar que lo componen bellotas y hojas de roble, indicativo de que este tipo de árboles, junto con el fresno, eran muy abundantes en la región, pero esto se está quedando atrás en las páginas de la historia.  

Nuestro municipio se presumía como de clima templado, más bien tendiendo a lo frío, pero ya no es el caso. Las temperaturas con frecuencia han rebasado los 30 grados centígrados, cosa que no hace mucho tiempo era improbable que ocurriera.  

Vemos también los montes y cerros que tenemos más cercanos, que cada vez pierden más vegetación, que ha sido sustituida por la presencia del agave para elaborar tequila, que si bien es cierto genera riqueza como lo dije antes, el lado malo de desmontar terrenos derribando árboles, arbustos y maleza de todo tipo, nos hará pagar las consecuencias más temprano que tarde.  

Por eso debe cuidarse lo poco que todavía nos queda, pero también hacer una labor de concientización entre los propietarios de terrenos para que conserven el mayor número posible de árboles y se hagan campañas de reforestación en esta temporada, para que podamos, ya no recuperar lo perdido en la belleza de nuestro clima que teníamos, sino por lo menos no permitir que las cosas empeoren. 

Tenemos que tener conciencia de la gravedad del asunto. Si no pagaremos un precio muy caro en nuestra calidad de vida, eso es muy cierto.  
Nos leeremos en la próxima entrega.  



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