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Funcionarios reactivos

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No se puede ser eficiente, en ningún espacio de la vida, cuando se corre atrás de los errores, cuando los problemas nos ganan la delantera.

 La respuesta a problemas personales, es tema particular; cada quien tiene su manera de matar las pulgas. Pero cuando los problemas son colectivos, son de la sociedad, ahí las respuestas son –deben ser- diferentes.

 Ese es, de fondo, la trascendencia de un cargo público. Eso les deben explicar a todos aquellos quienes creen que alcanzar un nombramiento en el gobierno se limita a recibir quincenas, aguinaldos y aplausos en las ceremonias oficiales.

 Trabajar en el gobierno implica una gran responsabilidad, seriedad, compromiso. Ser funcionario reclama altas dosis de capacidad para prever escenarios, para anticiparse a algunos hechos. Y si lo que falta en los burócratas es el sentido común, entonces vemos escenas como las ocurridas en los últimos meses en Tepatitlán.

 En este municipio llegó gente sin nada de trayectoria política ni partidista. Eso es extraordinario para un pueblo que se hartó de las corruptelas y las altanerías de los grupos tradicionales del PRI y el PAN. Pero la sociedad ha tenido que pagar un alto costo por la inexperiencia (por la incapacidad, pues) de quienes se supone, fueron contratados para resolver las necesidades de la gente.

 Y es que no basta con ser buena persona. Tampoco es suficiente “querer” hacer las cosas. Ante una lluvia que desborda ríos y arroyos se necesitan Técnicos en Rescate debidamente capacitados, pero también se requiere, antes de ellos, la presencia de operadores de maquinaria, ingenieros topógrafos, gente que anticipe cómo vienen las tormentas y por dónde puede haber broncas.

 Por muchas patrullas, ambulancias y maquinaria que mande el Gobierno ante un desbordamiento de arroyo, resulta poco, ante la angustia de los vecinos afectados, ante lo apabullante de los reportes de “las redes sociales”.

 A los de parques se les adelantan los taladores, los brigadistas no pueden contra los incendios; los policías llegan tarde a las riñas, a los robos; los camiones de basura son insuficientes para levantar tantas bolsas de las calles; los de ecología no alcanzan a llegar a las granjas ni a los rastros; los de Astepa no anticipan las fugas, los de turismo no atinan a atraer visitantes.

 La mayoría de los funcionarios son reactivos y ello implica un gran costo para todos. A ellos les desgasta, al pueblo e preocupa y a los contribuyentes les cuesta.

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