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Verdaderos maestros

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Un hombre que acababa de encontrarse con Jesús resucitado iba a toda prisa por el camino de la vida, mirando hacia todas partes y buscando. Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó: 

Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a un maestro?

El anciano encogiéndose de hombros le contestó:

Depende del tipo de maestro que ande buscando.

Perdone, dijo contrariado el hombre, pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos de maestros que hay. Sólo conozco a Jesús.

Y el anciano añadió:

Pues sí amigo; hay de muchos tipos y maneras, y también para todos los gustos: Hay maestros por cumplimiento, maestros por tradición, maestros por costumbre, maestros por obligación, maestros por conveniencia, maestros auténticos…

¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad! Exclamó el hombre emocionado.

¡Vaya!, dijo el anciano con voz grave, esos son los más difíciles de ver.

Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted.

¿Cómo podré reconocerle?

Y el anciano contestó tranquilamente:

No se preocupe amigo, no tendrá dificultad en reconocerle, un maestro de verdad no pasa desapercibido en este mundo de sabios y engreídos, lo reconocerá por sus obres, allí donde va… siempre deja huella.

Todos recordamos con gratitud y cariño a aquellos maestros y maestras que desde nuestra niñez nos han enseñado las primeras letras; nos han enseñado a sumar, restar, multiplicar y dividir, pero sobre todo nos han enseñado las verdaderas virtudes de la sinceridad y el empeño por seguir estudiando y aprendiendo tantas cosas.

¡Dios bendiga a nuestros maestros y maestras!

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