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Ahora es el agua

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En definitiva, no tenemos la cultura de la prevención.

La temporada de lluvias trae vueltas locas a las autoridades. También a los vecinos que cada año, con el temporal, pasan sus días con “el Jesús en la boca”, esperando a que les llegue el agua hasta la cocina.

Las tormentas se predicen, los chubascos se pronostican. Los daños se pueden prevenir, pero no hay conciencia, no hay autoridad, no hay estrategia.

Y de pronto, los comunicados, los códigos y las sirenas para alarmar a la gente de que hay “problemas” en la ciudad, en los mismos puntos, los mismos lugares, los mismos problemas de cada año.

Y entonces, si son los mismos puntos que se inundan, los mismos arroyos que se desbordan y las mismas casas que se anegan, ¿Qué esperan las autoridades para aplicar programas eficientes para atender esos temas?

¿Qué tendría que pasar para que el gobierno ponga orden, una muerte, un colapso de inmuebles?, no lo sabemos. Ellos -parece- están pensando en emitir fotos y mensajes de “alerta”; con eso se sienten satisfechos. En el momento, sí, atendiendo, sí; procurando atender a los afectados, también, pero… y cuando las aguas se van, ¿hace algo el gobierno para cuando el año entrante lleguen de nuevo las aguas?, porque van a volver, en tres estaciones climáticas volverán las lluvias.

O la estrategia es evacuar gente cada año o es retar a la lluvia anualmente, a ver quién se cansa primero.

Y no sólo es el tema de las inundaciones y los desbordamientos. La lluvia también pone en jaque, cada año, al área de bacheo y mantenimiento de calles. Cada año, en estos meses, la ciudad se pone “bachosa”, la misma imagen cada año, la misma respuesta, la misma estrategia.


La lluvia es lo de hoy -¡y cómo no!-, mañana vendrán los fríos y las heladas. Luego el calor. Entonces ya sabemos cuál será la noticia, según sea la temporada…

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