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Examen final

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La luz roja del semáforo hizo que aquel señor detuviera el automóvil. En el asiento de al lado su hijo adolescente miraba distraído por la ventanilla.

Llegó un niño. Mostraba en la mano una pequeña bolsa de manzanas.

¿Compra? -le dijo al señor.

Era un indito. Seguramente no sabía más palabras en español que las dos que pronunció para ofrecer su mercancía. El señor le dio una moneda y recibió a cambio la bolsa de frutas.

-¿Cómo te vas a comer eso? -le preguntó su hijo haciendo un gesto de disgusto, las manzanas están casi podridas.

-No son para comer yo -le contestó el señor-, son para que coma el niño.

¿Cuántas veces en nuestra vida, podremos encontrar oportunidades como ésta para hacer el bien a alguien?.

Si nos pusiéramos a examinar lo que tanta gente pobrecita nos ofrece, con mucha facilidad lo rechazaríamos, sobre todo si miramos con ojos egoístas que sólo buscan la propia complacencia, pero si miramos todo eso con los ojos de Dios, recordaremos siempre el examen final que Jesucristo nos hará a todos, cuando nos pregunte: Cuándo tuve hambre, ¿acaso me diste de comer? Cuando tuve sed ¿Acaso me diste de beber? Cuando estuve enfermo, ¿Acaso me visitaste?

Preparemos nuestro examen final viviendo cada día la caridad para con los demás.

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