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Los niños del colapso

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Sí, la estructura colapsó y los más afectados, en número y en condición, fueron los niños.
Ellos no tienen la capacidad de discernir. Saben correr, pero no en la dirección rumbo a su salvación.

Los niños confían en los adultos, aunque éstos no sepan a dónde llevarlos, cómo conducirlos.

Los pequeños sólo piensan en jugar, aun cuando están en riesgo, ellos creen que siguen jugando.

A ellos no les toca medir, pesar o “tantear” las estructuras donde conviven.

Vino el sismo y colapsó la estructura. La estructura donde  ellos se sentían confiados, protegidos.

La estructura los asfixia, la estructura colapsó. Se vino abajo, sin previo aviso.

Vimos a los niños de la Ciudad de México, pero no vemos a los niños del resto del país. No vemos a nuestros niños del barrio. Ellos también están asfixiados por nuestra estructura, estamos colapsados y no sabemos qué pasará con ellos.

Les llevamos al desplome, al temor, a la muerte, pero no nos damos cuenta. Ya que nuestra estructura social colapsa, entonces queremos actuar, ser solidarios, financiadores, colaborativos. Hasta que colapsa la red, hasta que cae el sistema, hasta que nos vemos a ras de suelo.

Extraigo de la terrible imagen de los sismos en la Ciudad de México, la del Colegio donde decenas de niños murieron aplastados por la pesada estructura que se les vino encima, para hacerlo alegoría de cómo estamos tratando a ese sector de nuestra sociedad.

Y hay otras estructuras por colapsar: la familia, la sociedad, la escuela, el gobierno, las instituciones. Esas estructuras también están por colapsar, asfixiando a nuestros niños.

¿Cuántos sismos más resistirá nuestra niñez?, ¿cuánto peso más les echaremos en sus hombros por la irresponsabilidad?

¿Bastará con poner imágenes en la tele?, ¿Nos quedaremos de espectadores de tragedias contra nuestra niñez?

¡Mi silencio por los caídos, mi grito por los que están de pie!

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