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Marina, la niña sierva del Señor de la Misericordia

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En un rancho conocido como “La Esperanza” vivía una pareja formada José Pilar Gómez Lomelí y Teodora Saavedra Mendoza que tenían once hijos: José, Juan Francisco y Romualda, ya en el cielo a temprana edad. Anacleto y Petra ya casados, y en casa estaban: José de Jesús, Hilario, Teódulo, Alejandro, María y Miguel que tenía 3 años.

Y en el año de 1949, en el día 24 de marzo a las 2 de la tarde nació una hermosa niña a la que bautizaron con el nombre de Marina.

En la numerosa familia ella ocupó el doceavo lugar, a la que luego se agregaron: Alberto y Cuca que fueron los últimos.

En esta familia se gestó la vida cristiana y vocacional de Marina, pues es donde aprendió a comunicarse con Dios y a amar a la Santísima Virgen María, poniendo en ellos toda su fe y su confianza ante las dificultades propias de la familia.

También aprendió a contemplar la naturaleza y en ella a su creador; las mañanas frías, las noches con el cielo lleno de estrellas, la luna, el sol, la lluvia, el canto de los pájaros, el ir y venir de la casa al campo para traer agua, recoger los frutos de la tierra, todo esto formó en ella un espíritu de contemplación y un anhelo grande de vivir agradando a Dios, de pertenecerle a Él, pero no sabía cómo pues eran sentimientos tan profundos y a la vez confusos.

En su cultura no se usaba expresar sentimientos, por lo tanto no había manera de clarificar lo que dentro de ella se estaba fraguando.

Los momentos de reunión familiar a la hora de la comida, los adultos alrededor del banco de la cocina y los niños al lado sentados en el suelo con gran algarabía comían los burritos de tortilla calientita mientras les servían los frijolitos y café o té de canela.

Un momento muy especial por las noches en que nadie faltaba para rezar el rosario frente a la imagen de la virgen María o el Crucifijo.

En su adolescencia participó en ejercicios espirituales en la Parroquia y en la Casa de Ejercicios del Señor de la Misericordia, momentos estos que marcaron su vida y que la llevaron a discernir junto con Jesús sobre su vida vocacional.

Dice ella “Sin duda alguna me hice Sierva del Señor de la Misericordia, por pura misericordia y gracia de parte de Dios, porque ni tenía la formación religiosa bien fundamentada, ni conocía nada de consagración religiosa y tampoco vivía un ambiente favorable.

A los 8 años hizo su primera comunión, guardando en su corazón esta experiencia tan inolvidable y llena de gozo en su alma porque recibía a Jesús en su corazón.

El día 1º. de junio de 1965 solicitó su ingreso en la congregación de las Siervas del Señor de la Misericordia y hoy con imágenes nos cuenta su historia vocacional y familiar. 

Este martes 3 de octubre renovó sus votos y dio gracias a Dios por sus 50 años de vida religiosa al lado de sus hermanas Siervas del Señor de la Misericordia.

El santuario de la Virgen de Guadalupe fue ocupado por familiares y amigos y sus compañeras religiosas que acudieron a hacer oración por el célebre suceso de bodas de oro en la Sagrada Eucaristía de las 13:00 hrs. que presidió el Pbro. Elías Melano González quien fuera su compañero de estudios en la secundaria.

Terminada la ceremonia religiosa los invitados se dieron cita en el restaurant El Mirador para compartir la mesa, donde disfrutaron de exquisitos platillos y postres amenizados con música en vivo.

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