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Aquí en el rancho grande

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Aquí donde vivimos… Dicen los que saben (los que se dedican al cuidado de la salud), que somos lo que comemos. Si eso es cierto, el que está dirigiendo los trabajos en la González Carnicerito creo yo que se comió a un pendejo.

Porque mire usted: Si va uno por la avenida Gómez Morín rumbo a Jardines de Tepa, al llegar a la González Carnicerito, a la glorieta donde estaba un monumento al torero José González “Carnicerito”, donde ya no está ni el monumento ni la glorieta, la destruyeron, no se puede seguir adelante, no se puede entrar a Jardines de Tepa.

Tampoco se puede dar vuelta a la izquierda porque es sentido contrario, sólo se puede dar vuelta a la derecha por un empedrado estrecho (donde obviamente sólo cabe un vehículo) con rumbo a la carretera a Yahualica para buscarle por otro lado. Bueno pues tampoco se puede llegar hasta la carretera, antes de llegar a ésta da uno vuelta a la derecha, luego a la derecha otra vez donde hay un parquecito, rodea uno el parquecito y vuelve a salir al mismo empedrado por el que llegó.

Avanza uno unos metros por ese empedrado, y no se puede seguir adelante porque ya vienen otros de frente, a los que tampoco nadie les dijo por dónde entrar a Jardines de Tepa, y ahí se vuelve un mazacote de padre y señor mío. Y a eso agréguele usted que en la glorieta -donde era la glorieta-, hay un tráiler atravesado cuyo chofer hace maniobras y no lo puede mover ni pa´ atrás ni pa´ adelante.

Media hora después, cuando por fin logran quitar el tráiler y alguien sube su vehículo a la banqueta para que avance otro en sentido opuesto, llega uno a donde estaba la glorieta y hay ahí un agente de Tránsito nomás parado, como idiota, sin intervenir para nada y sin darle indicaciones a nadie acerca de por dónde seguir para entrar a Jardines de Tepa. ¿Qué hacer?, pues a regresarse por Gómez Morín.

Yo de plano renuncié a ir a Jardines de Tepa. ¿No pueden -los antropófagos que se comieron a sendos pendejos- pavimentar la avenida por tramos?, ¿no pueden dejar un paso cada dos o tres cuadras para entrar a la colonia y pavimentarlos en forma alternada?, ¿no pueden avisar con letreros en lonas que no hay paso y sugerir rutas alternas?, ¿no puede el animal ese que está ahí disfrazado de agente de Vialidad, indicar a los conductores que no den vuelta a la derecha porque no hay salida? Todo eso se hace en las ciudades civilizadas cuando se realiza alguna obra que entorpece el tráfico pero… aquí en el rancho grande, ¿no les da vergüenza a las autoridades?

Eso me pasó el jueves. Un día antes, al tratar de llegar al centro para trabajar, había una grúa atravesada en la calle Zaragoza casi esquina con la Porfirio Díaz, contra esquina de la parroquia, impidiendo el paso de vehículos porque en la canastilla que había en la punta estaba un hombre pintando la fachada del edificio que alberga actualmente a la sucursal de Banamex. En los pueblos civilizados las fachadas se pintan utilizando andamios, sobre la banqueta o colgantes pero… aquí en el rancho grande, la palabra gobierno parece sinónimo de prepotencia y arbitrariedad.

Y bueno, ya para terminar la buena noticia. Las cuentas claras: Picos, palas y azadones, 100 millones; armas para defender el honor de los varones, otros 200 millones; pavimento para la Ricardo Alcalá y para la Colosio, 75 millones más. El camino a Santa Bárbara -que está intransitable- que espere, hay que repavimentar donde está bueno el pavimento para que se vea el trabajo y justificar la mochila. Repito, ¿no les da vergüenza a las autoridades? Pobre Tepatitlán…

Lo único bueno, y muy bueno, es que al parecer con esos 75 millones de pesos también se va a iniciar el anhelado Parque Lineal en las márgenes del río Tepatitlán y -dicen- se va a construir un hospital siquiátrico en la ciudad. Ojalá, para que haya dónde internar al que está dirigiendo la pavimentación de la avenida González Carnicerito, porque aquello es una locura…


Me gusta Tepatitlán, es una ciudad hermosa, tranquila, pero en estos momentos… Pregúntenle a los comerciantes de la calle Hidalgo cómo les va a ir con el Mal Fin y con la infeliz Navidad, y a los conductores que quieren pasar de un lado a otro de la González Carnicerito, y a los vecinos de El Pedregal, Fovissste, Bugambilias, San Rafael, Real Marsella, Juan Pablo II, etc. La ciudad está hecha un desmadre, más por la ineptitud e indolencia que por las obras. Y lo que falta… Ah pero eso sí, las cuentas claras y el chocolate espeso.

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