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Hagámonos Delegación

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Con lo que se sabe, hasta ahora, de cómo habrán de decidirse las candidaturas a las posiciones electorales municipales de Tepatitlán (y de los otros 124 municipios de Jalisco) creo, sin temor a equivocarme, que hemos perdido la soberanía como municipalidad y que ésta ha sido reducida o convertida a una figura muy parecida a la del antiguo Cantón en la época de la Colonia.

 Sobre la nominación o la definición de las posiciones rumbo a la alcaldía, cuando preguntamos a los aspirantes a alcaldes -sean mujeres o sean varones-, la respuesta es la misma; cuando cuestionamos a los líderes de los partidos políticos de cualquier tono o estructura, la respuesta es la misma: “Lo que digan en Guadalajara”.

 Vaya pobreza de políticos que hemos confeccionado en la región.

 De qué sirve que una persona haga su fama, hilvane su trayectoria, se esfuerce por ser un ciudadano de bien ante su comunidad, añorando representarle por la vía partidista en un proceso electoral, si al final, por poco o mucho trabajo que haya hecho en su pueblo, quien decide si es o no considerado para ser candidato o candidata, es un dedo, imaginario, subterráneo, fantasmagórico, que viene desde la capital del Estado.

 Da miedo la falta de voluntad de quienes sugieren querer gobernar a un pueblo, mostrándose sumisos ante el poderoso dedo de quien dirige a un partido desde una oficina en la Zona Metropolitana, tan distante en geografía como en intereses y realidades.

 A la barbaridad de que los próximos ediles (incluido presidente) serán seleccionados desde Guadalajara, habrá de sumarle que los próximos diputados también serán palomeados desde la misma Zona Postal.

 ¿Entonces para que existen los municipios?, ¿Para qué se consagró la “Autonomía Municipal” en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos?, si, desde el germen de la “democracia”, las decisiones se toman con visión centralista, imperialista, monárquica.

 Vayámonos a vivir a Guadalajara, donde se toman las decisiones de la Entidad. Desaparezcamos la división política municipal, hagámonos un solo pueblo y elijamos a un solo gobernante, un Tlatoani, que nos administre como Delegación, como suburbio suyo. Así nos ahorramos el gasto electoral.

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