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Urge gastar el dinero

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Las obras que está haciendo el Gobierno de Hugo Bravo en Tepatitlán tienen su tinte de drama, como si fuera una puesta en escena, una novela, un cuento.

 Pero no, no es actuación. Eso creemos.

Para comprender lo que se está haciendo hay que ser especialista en dramaturgia, en guionismo. Pero el grueso de la población nada sabe, no conoce de esos géneros literarios. Por ello, hay cierto grado de incomprensión hacia el Gobierno municipal, por ello la gran molestia y hasta las mentadas proferidas para y hacia las autoridades por haberse atrevido a hacer “muchas” obras al mismo tiempo en la cabecera municipal.

 Y no les falta razón a muchos vecinos, sobre todo del poniente de la ciudad (las de mejor plusvalía catastral, por cierto) cuando se quejan porque les cierran a la circulación las calles Morelos, la Carnicerito y, ahora, la Colosio y la Ricardo Alcalá.

 Todas estas vialidades son intervenidas ahora para mejorar las carpetas de rodamiento.

 Durante muchos años la gente se quejó de lo maltrecho de esas vialidades. Le urgieron a la autoridad a hacer algo. Ahora que ya lo está haciendo, la gente sigue quejándose, por las obras, el polvo, el cierre vial, las rutas alternas, la falta de información y señalización, la ausencia de agentes… por lo que sea.

 Si seguimos el guión de esta historia, podríamos anticipar que, luego de días o semanas de lamentos ciudadanos, vendrán las inauguraciones, las ceremonias, las aperturas de calles. Luego la “belleza” de las renovadas arterias viales. Luego vendrán las felicitaciones, las sobadas de lomo, los “yo sí creí en ustedes”.

 Luego de los protocolos y las celebraciones, la gente volverá a olvidarse de esas obras, las usará y olvidará, con el tiempo, quién las hizo, cuánto costaron y quién las inauguró.

 Así es la historia, así es la gente, así somos todos.

 Sin embargo hay una parte de estas historias que no vienen en el guión, en la novela: las obras se deben hacer bajo presupuestos autorizados, esas cantidades deben ejercerse bajo un calendario, bajo criterios técnicos y financieros.

 Si la gente se queja o no. Si la gente queda conforme o no, si las obras son de utilidad o no. Bajo la perspectiva de un grupo de políticos, de tecnócratas, lo medular es “aplicar el recurso”;  en términos coloquiales, hay que gastar el dinero. 

 Urge, pues, gastarse el dinero, porque ya es ley (Presupuesto de Egresos de la Federación, por ejemplo). De no usarlo, podrían incurrir las autoridades en faltas administrativas que luego les podrían representar “represalias” por no gastarlo.


 A ver en qué termina esta historia. Ya podremos leer las páginas en los meses de marzo o abril, justo cuando anden todos en campañas electorales. Ya veremos…

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