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Todos contra todos, o casi…

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• Nomás que unos piensan, a otros les cuesta trabajo

Desde que se inventaron las redes sociales, es evidente que una parte de la humanidad se la pasa peleando contra la otra. Una parte minoritaria pero ruidosa, contra la otra mayoritaria pero silenciosa, aunque tiene ésta representantes igual de combativos o más que los escandalosos, con una ventaja que suple a la falta de número, que piensan y razonan más que los escandalosos.

Y dije “es evidente” porque en realidad los seres humanos se la han pasado peleando desde que el mundo es mundo, parece ser éste el destino de la humanidad. Según la Biblia, es decir, según el origen de la raza humana que se imaginaron los hebreos, los primeros dos hijos de la primera pareja creada por Dios se pelearon por algo muy simple y el mayor, Caín, terminó asesinando al menor, Abel. Y todo porque a Jehovah le gustaron más las ofrendas de Abel que las de Caín, aquél le ofrecía las primicias -dice el Génesis- y la grasa de sus ovejas, mientras que Caín le ofrecía los frutos de la tierra. ¿Qué culpa tenía Abel de que a Jehovah le gustara el olor de los chicharrones? Pero bueno, desde entonces se están peleando los hombres entre sí.

Sabemos de las mayores y más famosas batallas porque lo dicen la Biblia o los libros de historia, pero no de los pleitos de todos los días como ahora, ni de todos contra todos, lo que muy probablemente ha ocurrido así siempre, pero no teníamos manera de enterarnos como ahora a través de las llamadas Redes Sociales. Los niños, adolescentes y jóvenes ni se enteran de esta diferencia entre lo poco que sabíamos antes y lo mucho que se sabe ahora, porque ellos (digamos los de 25 años o menos) son lo que se llama nativos digitales, nacieron dentro de la era digital y crecieron con las redes sociales, mientras que los adultos, especialmente los viejos que por alguna razón, lúdica o de trabajo, nos interesamos por el internet, somos inmigrantes digitales, es decir, empezamos a utilizar la avanzada tecnología de la comunicación ya grandes, y por lo mismo aún nos cuesta trabajo entender algunas cosas. Sabe más un niño acerca de las funciones de un teléfono celular que un adulto promedio, ya no se diga que los viejos.

Pero todos, unos más otros menos, nos enteramos -si queremos-ahora de todo casi al momento en que está sucediendo, sobre todo en los últimos diez años, desde que inventaron el Twitter y el Facebook por mencionar a los más populares, y no sólo nos damos cuenta así de que la humanidad se la pasa peleando una parte contra la otra, sino que tomamos partido y le entramos al pleito. A mí el Face no se me da porque además no me gusta, me parece que es utilizado más que nada para el chisme y para decir tonterías, conozco a muchas personas que antes de comer le toman una foto a lo que se van a tragar y la cuelgan en su muro, ¿a quién le importa?, a nadie excepto a ellos, pero es su gusto y están en su derecho, para eso abrieron su cuenta de Facebook y nada más. El Twitter en cambio me parece útil para enterarme inmediatamente de lo que está ocurriendo en México y el mundo, y ahí es donde me doy cuenta de que una parte de la humanidad se pelea cada día y a toda hora contra la otra.

Los gringos contra los rusos, los árabes contra los judíos, los europeos contra los inmigrantes, los españoles contra los independentistas (de Cataluña los más recientes), los venezolanos que quieren libertad, democracia y comida contra los chavistas; los cubanos de a pie, pobres, en la miseria, contra los Castro y sus leales e incondicionales que no pasan hambre; en Estados Unidos los demócratas y la prensa contra Donald Trump, Éste contra los latinos y contra el dictador de Corea del Norte (a ver quién tiene el botón nuclear más grande), compiten a ver cuál de los dos es más pendejo; los partidarios de la ideología de género contra los defensores de la familia; las mujeres feministas (feminazis les dicen) contra los hombres, los homosexuales contra los heterosexuales, los abortistas contra quienes defienden el derecho a la vida, los que se dan pa´ sus chescos hombre con hombre y mujer con mujer y hasta se quieren casar entre sí, contra quienes consideran esto antinatural y una aberración, los pervertidos -diría yo tomando partido- contra la gente normal...

Y así la lista de los contendientes en el Twitter se vuelve interminable, y más en México en los días que corren, los perredistas contra los morenistas, los panistas y perredistas contra los priistas, y éstos y sus aliados contra todos. Con tantas alianzas y bloques de partidos ya no se sabe ni quién es quién, PRI-PVEM-PANAL, PAN-PRD-MC, MORENA-PT-PES, aunque en las redes se dan todos contra todos. Sin embargo los que acaparan los comentarios y más polarizada tienen su rivalidad son los pejistas y antipejistas. En eso Andrés Manuel López Obrador y el América son igualitos, o los aman o los odian, nadie parece permanecer indiferente.

Nomás mete la pata AMLO (en lo que se ha vuelto un experto) y le llueve en su milpita. Pero no crea usted que una llovizna cualquiera, no, un aguacero que dura días con truenos y centellas, a lo cual los pejistas contestan con una andanada de “chayoteros”, “peñabots”, “corruptos”… Yo les sugiero a los chairos en Twitter que ya se inventen otra palabrita o dos, porque enfadan con los mismos adjetivos 24-7, pero como dice un amigo veracruzano fanático del rey de los deportes, “alégale al umpire”. No hay manera.

Un tuitero se pregunta quién creó  Elba Esther, de qué partido fue secretaria general, quién la sacó del reclusorio y con quién va en alianza el partido que formó Ella, y se contesta a todo que el PRI; y otro le contesta con otras preguntas: ¿Quién creó a AMLO, a Barttlett, a Esteban Moctezuma, a Monreal, a Durazo, a Marcelo Ebrad? y se contesta lo mismo: el PRI.

Se pregunta otro tuitero que cómo podría el mexicano promedio creerle a López Obrador, cuando se rodea de toda esa escoria priista que ha acogido y “purificado” en MORENA; le contesto yo que el mexicano promedio carece de la capacidad necesaria para razonar, por eso cree y consume los productos milagro que lo curan todo, desde el cáncer hasta el sida, compra fajas que hacen crecer las nalgas, usa tenis que ayudan a bajar de peso con sólo ponérselos durante 15 minutos, y así… Como los niños creen aún en los Reyes Magos, el mexicano promedio no se detiene a pensar si López Obrador podrá en verdad terminar con la corrupción y la violencia, simplemente le creen; si Él dice que nueve meses son menos que ocho le creen, si su mujer dice que el sol gira alrededor de la tierra le creen. Esa es la (in)capacidad del mexicano promedio para razonar. Y son muchos, el Peje puede ganar. A mí en lo personal no me gustaría que ganara el PRI otra vez, pero me preocupa más la posibilidad de que nos gobierne López Obrador. Estamos a una elección de convertir a México en otra Venezuela, y a dos de convertirlo en Cuba.

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