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Un faro luminoso

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Un capitán y su tripulación viajaban en medio de una terrible tormenta durante una noche oscura y luego de varios días en altamar.

El pequeño barco era golpeado insistentemente por las olas y el viento y se mecía casi hasta volcarse, mientras toda la estructura crujía y se retorcía hasta que parecía despedazarse. Habían perdido los instrumentos y no sabían ni siquiera dónde se encontraban.

En medio de todo esto el capitán no hacía más que gritar y maldecir, gritando a Dios y reprochándole todo lo que pasaba y que habían sido abandonados por Él. Tomado firmemente del timón en la proa gritaba a los truenos, los relámpagos y el cielo al saberse perdido.


En ese momento, un marinero dejó su puesto y corrió a donde el capitán, quien le reprendió fuertemente en medio de la tormenta y la lluvia.

- "¿Por qué dejas tu puesto? Podemos perder el mástil" -le gritó el Capitán.

A lo que el marinero contesta:

- "¡Lo sé señor, pero hace más de 10 minutos se vislumbra la luz del faro del puerto!, pero usted no la ha visto por estar gritando."


Cuántas veces no vemos la ayuda de Dios por quejarnos constantemente de todo lo que no tenemos. No hacemos más que rechazar todo lo que tenemos.

Tal vez Dios no te dé una vida sin tormentas, pero puedes estar seguro de que siempre, en medio de la más cruel y feroz tormenta que puedas imaginar, Él estará presente con su luz mostrándote el camino y recordándote que se encuentra siempre a tu lado.


Las tormentas y vendavales siempre se van a presentar en nuestra vida, recuerda un amigo que desde niño había sido muy enfermizo y ya llevaban como 15 operaciones de distintas clases, pero yo siempre lo veía muy sereno, porque ponía su confianza en Dios.
En vez de esperar que la gente lo alentara y consolara, él siempre que lo visitaban hacía que las personas se retiraran muy confortadas.

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