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Que escuchen

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Si las y los candidatos quieren, en verdad, hacer campañas diferentes, que hagan una sola cosa: Que guarden el mayor silencio posible y, en consecuencia, que “sus tiempos” los usen para escuchar.

 Si logran vencer el ego de hablar, de ser los “reyes (reinas) del discurso” desde ahora, podrían ganarse al electorado.

 Si a cambio de usar la boca, utilizan las dos orejas, podrían encantar a los votantes.

 ¿Nos hemos dado cuenta que hoy en día nos importa más hablar que escuchar?; ¿y si las y los candidatos, a cualquier cargo, en cualquier lugar, en lugar de dar discursos, escucharan opiniones?

 Los diálogos son la base del entendimiento.

 Qué bueno que haya debates, que bien que salgan los aspirantes en spots de radio y televisión; muy bueno que coloquen anuncios exteriores gigantes. Pero sería extraordinario que ahora hable la gente, que le permitan al electorado decir lo que siente, lo que teme, lo que anhela, lo que busca.

 No, una lámpara en la calle no cuesta mucho, pero para quien vive en una calle oscura esa es su “mayor preocupación”; para quien no tiene agua suficiente en la llave de su casa, las casas blancas (gringas o mexiquenses) son intrascendentes. 

 ¿Quién les hace creer a los candidatos que “sus propuestas” son adecuadas para todo el público?, ¿quién homologa el discurso?, ¿los temas metropolitanos les afectan –les importan- a los del rancho?

 Me gustaría, algún día, presenciar campañas políticas diferentes. Pero no lo podremos ver si nos empeñamos en ser público de oradores, confidentes de políticos, acarreados de mitines.

 Somos los votantes quienes debemos darle una nueva altura a nuestra participación en las campañas. Que se acaben los templetes, sí; pero que se callen los políticos, también.

 Ya habrá tres o seis años –si ganan- para que hablen todo lo que quieran.



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