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¿Y los padres de familia? Bien gracias

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Arandas se distingue, no sé si para bien o mal, como un lugar de muchas fiestas. Enero la principal, la Semana Santa y la de Pascua, que aunque no debieran dan lugar a muchas fiestas, no obstante que se conmemora la crucifixión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, la de Septiembre que se vive como en pocos lugares del Estado y probablemente de la República Mexicana, y la de éste mes, Abril, que se hace en honor a San José Obrero.

Esta fiesta tiene como escenario el Parque Hidalgo que está frente al templo erigido en honor de éste Santo. Obviamente las celebraciones religiosas son frecuentes, con peregrinaciones, fuegos artificiales y ceremonias de todo tipo de carácter religioso, pero desafortunadamente debemos reconocer que son las menos concurridas éstas últimas.

Caso contrario sucede con los juegos mecánicos y las terrazas en donde se venden bebidas alcohólicas en grado sumo y la gente asiste al teatro del pueblo que en esa misma explanada se presentan grupos musicales que entretienen a la población.

Todo ello es una tradición que tiene arraigo, que tiene muchos años de celebrarse y no es el tema el que se cancele, posponga o retire dicha fiesta, pero lo que sí invita a la reflexión es que es innegable que se sigue con la mala costumbre de vender bebidas alcohólicas a menores de edad. Casos bochornosos hemos visto de jóvenes, varones y mujeres de corta edad, en evidente estado de embriaguez, brindando espectáculos vergonzosos y denigrantes para ellos mismos y sus familias.

En este caso es un llamado a 3 principalísimos actores que pueden inhibir o evitar tan malas prácticas en el consumo del alcohol que la ley prohíbe para los menores de edad, pues se estipulan multas y hasta clausuras para quienes vendan alcohol a menores de edad.

El primero, y no lo digo por orden de importancia, es la iglesia católica que a través de sus celebraciones religiosas debe insistir en que en tales fiestas paganas se debe evitar la práctica ilegal de venta de alcohol a los menores.

El segundo, los padres de familia que se han vuelto muy permisivos o laxos en cuanto a la disciplina con sus hijos varones y mujercitas. Ya no se preocupan por vigilar o por lo menos enterarse con quien andan sus hijos, en qué lugares, qué hacen y a qué hora y cómo llegan a sus casas a altas horas de la noche. Es como si pretendieran que la sociedad, la iglesia o la autoridad tuvieran la responsabilidad de cuidarlos y vigilarlos.

El tercero, las autoridades municipales que bien podrían a través de inspección y vigilancia estar al pendiente de que los comerciantes eliminen esa actitud voraz de ganar dinero a costa de la salud y la seguridad de los jóvenes, imponiendo multas o aplicando clausuras. La Policía Municipal tiene a muchos elementos resguardando la seguridad de las personas en la fiesta y bien podría también hacer labores de inspección a los negocios instalados.

Urge tomar acciones al respecto, porque la excesiva libertad a jóvenes de tan corta edad deriva en indisciplina, faltas de respeto y excesos que, debido al alcohol, derivan en degradación física y moral y en no pocos casos en embarazos no deseados.

Más vale prevenir que lamentar.

Nos leeremos en la próxima entrega.

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