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Asilo de ancianas

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Carlos era un joven que participada en un grupo de jóvenes de su parroquia, pero a él no le gustaba convivir con los ancianos.  Decía que los viejos apestaban, los rechazaba con desprecio, no soportaba estar ante un anciano. Pues, como parte de su trabajo evangelizador, los llevaron a un asilo de ancianos. Carlos fue, pero se separó de sus compañeros como tratando de esconderse, esperando que el tiempo pasara pronto para irse a su casa. Se fue buscando algún lugar apartado donde creyó estar solo. De pronto sintió que alguien le agarró la mano:

-¡Hola! Le dijo un anciano con parálisis. Carlos se asustó y saludó con sonrisa nerviosa y como pudo se zafó la mano y se fue. Terminó la visita y todos volvieron a su casa. Carlos respiró aliviado. Pero para su sorpresa, el coordinador del grupo les indicó que regresarían al mismo lugar la próxima semana. Carlos hizo lo mismo, esconderse para no encontrarse con un anciano, pero siempre era sorprendido por la mano de aquél mismo anciano que rechazaba. Así estuvo sucediendo lo mismo por varias semanas. Hasta que un día el anciano ya no estaba y preguntó por él. Le dijeron que estaba grave en el hospital. Carlos fue a visitarlo y se encontró con su hija, la cual le dijo: “Usted ha de ser la persona que visitaba a mi padre cada semana”

-¿Y cómo lo supo? Preguntó Carlos. Porque mi padre me dijo: “Va a venir a buscarme Jesús, como cada semana; dile que me fui”. 

Carlos salió del hospital llorando arrepentido por su comportamiento y sobre todo, por darse cuenta de cómo una persona como él había sido confundido, nada menos que con ¡Jesús! 

El vino nuevo del Evangelio sólo puede existir en un corazón nuevo que practique el amor.

Muchas veces nos pasa lo que a Carlos, pues nos causan enfado las personas ancianas, sobre todo si andan desaseadas o tienen olor a orines.

Lo cierto es que muchas veces no tienen la culpa porque sus familiares los descuidan.
Igual que Carlos, debemos recapacitar y ojalá que no sea demasiado tarde, porque nos necesitan y un día nos dirá Cristo ¿Cuándo estuve necesitado, hiciste algo por mí?

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