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Mordedura de serpiente

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Vino un vaquero a comentarle a su patrón que una víbora cascabel había mordido a uno de los empleados.

Rápidamente el administrador preguntó al vaquero si le había colocado la inyección de suero antiofídico que tenía en el depósito, el vaquero respondió que no lo había hecho pero que había entregado la cajita con el antídoto en las manos del hombre que fue mordido por la serpiente, pues él no sabía poner la inyección.

El administrador pidió que lo acompañara a ver al trabajador, cuando llegamos al hospital preguntaron por la persona que había sufrido la mordedura de serpiente, vino el médico que lo atendió y les dijo que esta persona había fallecido, pero lo que él no podía comprender cómo esta persona llegó al hospital con el suero antiofídico en la mano.

Preguntó al hombre que había sido víctima de la cascabel: ¿Por qué no te pusiste el suero antiofídico?, a lo cual el trabajador ya temblando y con la respiración irregular y el corazón acelerado debido al veneno de la serpiente, le respondió que no sabía cómo ponerlo. El médico le respondió pero ahí en la cajita está la bula o recomendaciones de cómo usarlo, y el trabajador dijo que no se dio el lujo de leerla, luego falleció. Teniendo la vida en sus manos no la usó.

Cuántas veces simplemente ignoramos u olvidamos que tenemos a nuestro alcance el perfecto antídoto para dar vida a lo que se cree perdido. No permitas que el "veneno" se extienda en tu alma. Aplica hoy una dosis de vida, Jesús en tu Corazón. No eches en saco roto la vida de Cristo que se entregó por todos nosotros.

A todos nos puede pasar que teniendo en nuestras manos o mejor dicho en nuestra memoria y en nuestro corazón las enseñanzas de Jesucristo para seguir el camino de la salvación, no ponemos en práctica lo que Él nos enseña.

No olvidemos: Para salvarnos debemos cumplir los mandamientos que se resumen en dos: Amar a Dios y Amar al prójimo.

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