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Inaceptado

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Hace un año y medio, cuando nos volvimos a juntar algunos reporteros y colaboradores de medios de comunicación para revivir la Asociación de Periodistas de Tepatitlán, hablamos de muchos temas. Pusimos sobre la mesa de diálogo (a veces discusión), algunos puntos de vista que cada reportero tiene (tenía) al respecto de los asuntos de la comunidad.

Entre los temas platicados, recuerdo dos con claridad: Que Víctor Manuel Mendoza “El Tabasco”, de la Revista Presencia Alteña, ya tenía la claridad del triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de México. Cabe destacar que, en aquellas fechas, AMLO apenas era dirigente de su Movimiento, no eran tiempos oficiales de campaña, aunque “El Peje” nunca quiso cumplir con los “tiempos”, pero ese es otro tema, ya muy platicado.

Otro de los temas que platicamos, en la primera, o tal vez, la segunda reunión, fue el impacto que tendría el gobernador Aristóteles Sandoval y su PRI en las elecciones de 2018.

Varios de los colegas reconocían que el mandamás jalisciense tenía buena imagen. Yo sostenía que no le alcanzaría, que la “posición” de Sandoval era mediática, en un grupo reducido, pero que no lograría darle peso, por él mismo, a su partido.

Así lo pensaba en el arranque del 2017, así lo comprobamos en julio de 2018. Los resultados son más que evidentes. Aunque el gobernador sabía cuál sería el escenario, sus más cercanos colaboradores también supieron cuál sería la posición priísta y el resultado electoral.

Dejaron correr a sus candidatos, unos conscientes, otros engañados, otros ingenuos. Algo muy parecido a lo que ocurrió con el PAN. Ambos partidos con suficiente estructura para movilizar el día de la elección, pero que no pudieron, no quisieron, no les convino moverlas, para favorecer a sus candidatos.

Fuera de la Zona Alteña, los aspirantes panistas en Jalisco no tuvieron tanta suerte; de los priístas mejor ni hablamos, el electorado les puso una paliza.

Al paso de las semanas, ya sin la euforia de los triunfadores y sin la depresión de los derrotados, parece tomar más forma aquella imagen de que el gobernador de Jalisco algo supo, antes que otros, de lo que se venía para su partido y para sus candidatos. Por ello -ahora parece entenderse- sus amigos más cercanos no jugaron como aspirantes. Por ello -ahora se confirma- no metió las manos, ni las estructuras, ni nada.

Puede reconocérsele como un hombre de Estado, sí tal vez. O bien, puede reconocérsele como un hombre avispado, que sabiendo cuál sería el resultado, dejó de hacer lo que podía hacer para favorecer -todo bajo la legalidad, claro- a sus correligionarios.

Al paso de 18 meses, nos hemos enterado, y algunos hemos confirmado que el gobernador, con todo y sus cifras y sus discursos, no gozó de buena imagen entre los habitantes de Jalisco. La muestra fue el resultado electoral.

Una cosa es no ser aceptado, otra, muy distinta, ser rechazado.

Por lo menos los habitantes de Los Altos emitieron un juicio claro, contundente, de lo que opinan de su gobernador.

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