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Quebrando el sistema

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 El anuncio de López Obrador para que opere en cada Estado un “delegado”, una gente de “sus confianzas” como representante del Gobierno federal, ha propiciado los más diversos comentarios.

 Aún no queda claro, qué es esa figura, cómo funcionarán y cuáles serán sus implicaciones en la política, en la economía, en los presupuestos, en las decisiones del gobierno republicano, en un modelo que se antoja centralista.

 Habrá que darle el derecho a la duda. Ya el tiempo nos pondrá a cada quien en nuestro lugar.

 Sin embargo, algo debemos agradecer de ese anuncio en particular: el sistema de manutención de compadres, amigos y familiares se rompe y, con ello, dejaremos de mantener a decenas de parásitos que, cobijados por el dedo “federalizado”, cobran jugosos sueldos, gozan de extraordinarias prestaciones y, lo peor, no resuelven nada, a nadie.

  Claro que hay delegaciones del gobierno federal que tienen su propia agenda y, en ocasiones, marcan la diferencia en los Estados, con sus políticas. Por ejemplo, en Jalisco, podemos señalar al Infonavit, a la PGR, a la Zona Militar, el IMSS y uno que otro organismo.

 Pero, ¿Qué hacen 89 representaciones, delegaciones o comisionados?, ¿quién les conoce?, ¿cuál ha sido el beneficio de mantenerles dentro del presupuesto?

 Por ejemplo, ¿qué hace la Delegada de la Profeco?, Además de ayudar a los compadres y amigos, ¿a quién le resuelve sus problemas la Delegación federal del Trabajo?, ¿Por qué tenemos que pagarle hasta el tinte de cabello a la Delegada de Sedesol, cuando hay miles de pobres en Jalisco?; ¿Y la Sagarpa?, ¿Y Economía?, ¿Y la Reforma Agraria?

 Cada uno de esos funcionarios (en tiempos priístas y panistas), llegó por su militancia partidista, por amistad con el Presidente o por compromisos de campaña.

 Las y los integrantes del Congreso de la Unión, les favorecen con presupuestos anuales; nadie les cuestiona, nadie les audita. De hecho, esas delegaciones se convirtieron, junto a los consulados o las embajadas, premios de consolación para quienes perdían elecciones o “apoyaban” campañas.

 Si en algo estoy de acuerdo con el Presidente electo de México, es en cortar ese chorro de dinero que se pierde, que se regala, que se dispendia. 

 No fue sólo el voto corporativo de  burócratas a favor de López Obrador, lo que rompió el sistema. Desaparecer esta estructura del “PRIAN”, es otra forma de quebrar al sistema.

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