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Un ejemplo a seguir

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Un día, el padre Aníbal mandó preparar un banquete. ¿Quiénes serían sus invitados de honor? ¿Serían, quizá personas de la alta sociedad, bienhechores de la parroquia? No, la comida era para los pobres de la ciudad. Se sentó en medio de ellos. Al poco rato, vio algo que le hizo pasar vergüenza. A un pobre, cerca de él, se le caía la baba en el plato en que comía. 

¿Debería llamarle la atención antes de que los demás se dieran cuenta? No, sencillamente cambió su plato con el de él. Quería evitar que los compañeros se burlaran del pobre torpe. 

Un día leyó este titular, en el periódico de la ciudad: "Caza a los pobres". El autor del artículo, pretendía promover una "limpieza" quitando a los pobres de la calle. Él protestó enérgicamente contra esa insolencia: "Es preferible pedir honestamente, que robar y ser apresado. 

Los pobres también son personas. Tienen derecho a disfrutar del aire y de la luz del día y de caminar libremente por la ciudad. El amor a los pobres, fue una sus pasiones; la otra fueron los jóvenes. Promovió y sembró entre ellos, el amor a la vocación sacerdotal y religiosa, para eso fundó la congregación de los Padres y las Hermanas Rogacionistas. Su oración preferida era la petición de Jesús: "Rueguen al Señor de la mies que envíe operarios". Falleció el día 1 de Julio de 1927.

La historia de este gran sacerdote que protegía los pobres y además animaba a muchachos y muchachas para que entraran al seminario y al convento, es una de las tantas historias que nos animan a seguir interesándonos por tanta gente que necesita una mano amiga que los ayude a levantarse y seguir adelante.

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