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¿Y pa’ qué sirve el de la varita?

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Gonzalo de la Torre Hernández

Una tarde de relax, luego de la cotidiana jornada laboral y en la muy agradable compañía del buen amigo Humberto el de la farmacia chiquita como se le conoce por estas tierras, libando suavemente y con medida una buena copita de un excelente vino tinto, compartíamos plática con un joven muy agradable, acerca de la cultura en diversos aspectos y la accesibilidad para el pueblo en general.

Es conveniente comentar que el buen amigo Humberto es muy versado en cuestiones literarias, muy afecto a la lectura y un melómano irredento (le apasiona la música) y ha asistido a conciertos en los mejores teatros de Europa y de este nuestro país. Escucharlo y dialogar con él, aparte de ser una delicia, se aprende algo cada ocasión en la que se tiene la suerte de que sea nuestro interlocutor.

Entre diversas opiniones y no tan versadas sugerencias, de entre la plática surgió una pregunta: El joven, muy interesado y partícipe activo del tema, cuestionó que por qué una orquesta filarmónica necesita un director. Excelente pregunta, dije yo, buscando una respuesta que pudiera ser razonable y que ejemplificara la importancia del director, se me ocurrió comparar a la orquesta con un equipo de fútbol, sin director técnico se jugaría con una gran anarquía, pues cada quién jugaría por su lado, sin estrategia, sin directrices y el resultado más fácil sería una derrota.

En el caso de la orquesta es tan complicada la concepción, preparación, orquestación y ejecución de una obra, que requiere de muchas horas y días de ensayos, prácticas, afinaciones y demás, que es imprescindible quien planee, organice, ejecute y supervise cada una de las notas y su ejecución correcta de acuerdo a los matices que el compositor le imprimió.

Creo que el punto neurálgico en la ejecución de una obra musical es la armonía; sin ella, aquello sería una cacofonía sin ton ni son y un caos que en lugar de agradar, más bien va a molestar.

El director es algo así como el papá de los siete enanos de Blanca Nieves. Tiene que haber orden para un resultado aceptable.

También es conveniente mencionar que soy casi neófito en cuestiones musicales; no toco ningún instrumento, no sé de orquestación ni de dirección orquestal, lo único que toco con frecuencia son puertas y muchas veces ni me abren. Pero en cambio sí soy uno de los mejores oyentes o escuchantes, como se diga correctamente. Soy excelente para oír sinfonías, tocatas, fugas, óperas y demás obras de ése género musical.

Ya mencioné que soy casi neófito en esas cuestiones musicales, sin embargo algunas personas suponen que yo sé de música por el simple hecho de que me gusta mucho, muchísimo la música que he mencionado. Pronto los saco de su error y se dan cuenta que no sé de eso.

Y lo digo porque otro amigo, en una ocasión en mi casa, mientras veía y escuchaba un vídeo de esos de youtube que hacen muy accesible para todos escuchar buena música, creo que era la Sinfonía no. 7 de Beethoven, me preguntó: si todos los músicos están leyendo en esos papeles que tienen al frente (partituras), y cada quién sabe lo que debe tocar con su instrumento, entonces ¿para qué sirve el de la varita?, obviamente se refería a la batuta.

Parece una pregunta razonable. Solo que se desconoce todo lo que hay antes, durante y después de cada presentación.

Como todo en la vida, es necesario que en un grupo de personas, cualquiera que sea la actividad o necesidad, ya sea social, política o de carácter privado, siempre es  necesaria la intervención de un supervisor (que significa más o menos ver desde arriba), o sea tener una visión superior a la del resto de los mortales. El director es imprescindible en cualquier actividad.

Puede ser un objetivo en la vida tratar de llegar a ser director de algo, pues su aportación a la buena convivencia humana es muy valiosa. Para eso sirve el de la varita. chalo2008jalos@hotmail.com

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