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Le ganó la emoción al presidente Hugo Bravo

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La Noche del Grito

• Se le quebró la voz pero la gente le ayudó con aplausos

• Sería la mirada amorosa de su madre; o la despedida…

• Y cerca de Él Nena de Anda, para que sus cuentas haga

Gabriela González Ontiveros

Últimamente la lluvia ha estado presente en los días más importantes para el alcalde Hugo Bravo. El día del informe apareció por la tarde, pero a la hora del informe las gotas de agua dejaron de caer. Lo mismo pasó la noche del 15 de Septiembre, el aguacero que había caído durante toda la tarde y que amenazaba con echarles a perder la fiesta del Grito a los tepatitlenses, desapareció como por arte de magia en la noche.

La Plaza de Armas lució repleta. Asistió más gente que el año pasado a pesar de que la pelea del Canelo estaba muy pegada a la hora del Grito. Familias enteras estaban listas y afinando garganta, esperando a que Hugo Bravo se asomara al balcón para dar al Grito de Independencia, el último de su administración.

Tenía años que no iba yo a un Grito el 15 de Septiembre, normalmente no me aparezco por eso días en el centro porque hay demasiada gente, pero en esta ocasión decidí verlo desde un lugar principal, o sea… pues me dieron chance en la presidencia municipal.

Adentro en el Palacio regidores, algunos funcionarios e invitados convivían en la segunda planta, la próxima alcaldesa Nena de Anda platicaba con la que será su nueva presidenta del DIF, Rosa Adriana Reynoso, otros comían tamales y platillos mexicanos que se ofrecieron para la ocasión.

- ¿Ya listos para el último Grito? -le pregunté a la regidora Griselda Alcalá.

- ¡El último no!, quizá el último de esta administración, pero yo voy a seguir dando el Grito cada 15 de Septiembre como buena mexicana, contestó muy segura. (Pues yo cada 15 días -pensé-, cuando no me alcanza para pagar la quincena en el Seven). 

Por el pasillo iba y venía Tania, coordinadora de logística y que casi nunca se le despega a al Dr. Hugo Bravo, se la pasaba dando indicaciones, dónde iba a cada quien, cómo se tenían que acomodar, se le veía francamente estresada, como cuando uno tiene un montón de cosas qué hacer y quisiera hacerlas todas de un jalón sin saber por dónde empezar.

Antes de las 11 de la noche (cosa rara porque el Doctor suele comenzar después de la hora indicada todos los eventos, o miento…), salió Hugo Bravo de su oficina acompañado del tesorero Fernando Ibarra, se le veía nervioso y ansioso.

- Doctor ¿ya está listo? le pregunté sonriente.

- Estoy demasiado nervioso -contestó Bravo.

- ¿Y por qué si ya es el tercero Grito que da?

- Hay mucha gente… ¡está llena la plaza!

A mí me dio risa y le contesté “¡pues esa es la idea!, usted no se preocupe, le va a salir bien”.

Después de haber sido acomodados todos en su lugar, Hugo salió al balcón. Yo lo veía desde el balcón de Tesorería, me tocó estar a un lado de su familia y noté como su mamá tenía fija su mirada en su hijo, sonriéndole todo el tiempo. Bajé la mirada hacia la multitud, todo eran caras felices, la gente comenzó a aplaudir y los nervios se disiparon un poco en el Alcalde, estaba sonriente y listo para esa noche. Nena de Anda estaba a un lado de él, soñando quizá con el siguiente año, cuando será a ella a quien le tocará dar el Grito ante esa multitud.

Y aunque atrás de Él era otro show, fotógrafos tratando de tomar la mejor foto, un hombre diciendo que se echaran para atrás para que no salieran a cuadro en la cámara, y Tania  detrás de Hugo para darle indicaciones de cada cosa que debía seguir, abajo nadie se dio cuenta de eso. Hugo Bravo dio el Grito de Independencia más emocionante de su administración, se le olvidaron los nervios a medida  que la gente gritaba ¡Viva!, estaba tan emocionado con la escena que al final del discurso de agradecimiento que dio, ya terminado el Grito, se le quebró la voz. La gente en respuesta le aplaudió. Y después se dio paso a los fuegos artificiales, que sí se pudieron presentar debido a que la Ley Anti Ruido entra en vigor hasta el 2019, por lo que ya será problema de la siguiente administración hacerla cumplir.

La ceremonia terminó y la gente afuera comenzó a dispersarse. Adentro el convivio  siguió un rato más, Hugo se quería tomar fotos con todos y todos querían tomarse fotos con Él. Después de un rato se despidió: “Ya me voy a la Comandancia, también voy a echar el grito con la gente de ahí, voy a darles ánimo”.

Y así fue como terminó una noche muy mexicana, el grito de la gente con el ¡Viva México! retumbó en cada rincón del centro de Tepatitlán. Todo fue alegría y unión por un rato, aunque al día siguiente amaneciera la guitarra que adorna la Plaza de Armas rota por un puñetazo. Bueno, no todos son tan patriotas.

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