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Qué pasó con el combate de flores?

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• De los carros se pasó a los caballos

Una tradición que data, según mis cálculos, de cerca de cien años de antigüedad, ha sido modificada de unos cuantos años para acá, y aunque no se tiene el temor de que vaya a desaparecer, sí es cierto que la gente se lamenta de la variante que se le dio.

Ahora solamente participan cientos y cientos de caballos que recorren en un círculo previamente planeado, las calles de la zona del centro histórico de Arandas, principalmente la Obregón, desde 16 de Septiembre a espaldas del templo gótico de San José Obrero, y bajan hasta continuar por la calle Obregón. Luego dan vuelta por Corregidora y se integran a la calle Morelos, que después se convierte en Hidalgo, haciendo un circuito que abarca varias manzanas de la ciudad.

La gente se queja de que esta tradición fue modificada. Antes, un circuito más pequeño era recorrido por vehículos convertibles y abundantes camionetas pick up que eran adornadas con flores, especialmente la flor local de Santa María con su perfume peculiar que hacía oler a todo Arandas por la noche del 16 de Septiembre cuando concluía el evento.

En camionetas y vehículos descubiertos paseaban las parejas, matrimonios, novios, niños, jóvenes y adultos, y al paso se arrojaban flores de Santa María, confeti y serpentinas, por lo cual se le llamaba acertadamente Combate de Flores.

Entre los vehículos motorizados circulaban también carretas o calandrias bellamente adornadas con flores, y hasta se hacía un concurso para premiar el vehículo mejor adornado, mientras que el orden era vigilado por una comisión de ciudadanos que estaban al pendiente de que nadie se pasara de listo o quebrantara el orden.

Pero llegó el auge de la circulación de caballos y la autoridad municipal del momento simpatizó con la idea y lo modificó, impidiendo la participación de vehículos motorizados y por lo tanto de personas que paseaban subidas en ellos.

Dio preferencia absoluta a los caballos y jinetes que hemos visto participar, no solamente locales, sino que hasta de los estados vecinos vienen con sus jamelgos a participar y en número de más de dos mil caballos en algunas ocasiones han atiborrado las calles y su circuito y la gente lo único que puede hacer es pararse en las banquetas para ver el paso de los caballos y sus jinetes, sin poder participar de ninguna otra manera.

Esta situación claro que ha generado molestia. Se toma como una discriminación para las mayorías de las personas, pues es obvio que solamente los que tengan la capacidad económica mediana o alta pueden darse el lujo de tener caballos, pero son los menos.

Se sugiere que no se impida la circulación de los caballos en el combate de flores, pero tampoco la de las personas que en vehículos descubiertos puedan participar de la  festividad, tal y como era en los principios de la tradición, pues no se justifica excluir a miles de personas que ahora, al no tener caballo, no pueden incluirse en el evento.

Ojalá que las nuevas autoridades que están por asumir tomen en cuenta a la gente y se retome la idea para que cada día más y más personas participen, junto con los jinetes, claro, pero todos coludos o todos rabones, como dice el refrán.

Nos leeremos en la próxima entrega.
                                 

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