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¿Y deveras nos dieron patria?

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Hace un par de días, el jueves, fueron objeto de su homenaje de cada año los Niños Héroes de Chapultepec (aunque en Tepatitlán no hay ningún monumento en su honor que yo sepa), y esta noche será vitoreados los héroes que nos dieron patria. 

Pero ¿deveras nos dieron patria? De los Niños Héroes se dice  que  ni eran niños ni eran héroes, idea que no comparto en su totalidad. En la primera parte del dicho sí estoy de acuerdo, definitivamente niños no eran, pero en lo que se refiere a su comportamiento como héroes lo fueron, aunque no eran los únicos que se enfrentaron a los soldados norteamericanos en 1847.

En septiembre de 1847 Francisco Márquez y Vicente Suárez andaban por los 14 años de edad; Agustín Melgar y Fernando Montes de Oca tenían 18; Juan de la Barrera 19 y Juan Escutia 20, así que niños no eran, los de menos edad eran ya unos adolescentes.

Pero sí fueron héroes al haber tomado las armas para defender el territorio nacional, porque no tenían la obligación de permanecer en el Castillo por su condición de cadetes, y aun así decidieron quedarse voluntariamente y con escasas provisiones y pertrechos militares resistieron el bombardeo durante más de un día de la artillería enemiga que, dicen,  hacía que se cimbrara Chapultepec entero.

El mayor mito, sin embargo, es el que señala que Juan Escutia tomó la enseña tricolor y decidió arrojarse desde lo alto del Castillo de Chapultepec, antes que verla mancillada por los invasores. Eso sí es puro cuento, Juan Escutia no murió por un salto ni envuelto en una bandera, cayó abatido a tiros junto con Francisco Márquez y Fernando Montes de Oca cuando intentaban huir hacia el jardín Botánico. La bandera mexicana fue capturada por los estadounidenses y fue devuelta a México en el sexenio de López Portillo.

Y no eran sólo seis cadetes los que se enfrentaron a los 1,200 soldados norteamericanos en Chapultepec, imagínese, les hubieran tocado combatir contra 200 soldados gringos a cada niño héroe, ni Rambo en Afganistán... Había ahí más de 800 soldados mexicanos que fueron apoyados por el Batallón de San Blas con otros 400 hombres más, además de medio centenar de cadetes del Colegio Militar. De esas tropas mexicanas murieron unos 600 hombres, otros 400 desertaron durante los madrazos, y de los cadetes sólo murieron los seis que se hicieron famosos y de los que cada vez que se pasa lista la tropa contesta ¡Murió por la patria!

(Vi un video donde en una escuela un niño grita los nombres de los cadetes diciendo “Viva Francisco Márquez”, ¡Viva!, contestan los demás; “Viva Agustín Melgar”, ¡Viva!;  “Viva Vicente Fernández!”, ¿Viva!. Y luego le preguntan a Vicente Fernández qué se siente… “No pues la verdad se siente rebonito”, contesta el cantante).

El mito de los Niños Héroes fue impulsado y consolidado por el gobierno y la historia oficial, cuando durante unas excavaciones al pie de Chapultepec se encontraron seis calaveras que se dijo pertenecían a los famosos cadetes, locura que fue apoyada por varios historiadores y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y bueno, ya entrados en gastos la misma fue avalada por el presidente con un decreto donde declaró que aquellos restos pertenecían indudablemente a los Niños Héroes. Seguramente en septiembre de 1847, en medio de la batalla, algún profeta o un vidente se tomó el tiempo para hallar, entre los 600 muertos que yacían regados por todos lados, los cuerpos de los seis cadetes que cayeron en distintos sitios y los sepultó juntos, esperando que un siglo después fueran encontrados para gloria de México. No ma… no, no.

Y en cuanto a los héroes que nos dieron patria, antes que los Niños Héroes de Chapultepec,  de Miguel Hidalgo y Costilla dice el maestro masón gringo Richard E. Chism, en su “Historia masónica de México”, que en 1806 se formó en la ciudad de México una Logia masónica del rito de York, y que en ese año en la casa no. 5 de la calle de las Ratas (hoy Bolívar) fueron iniciados Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Miguel Domínguez el corregidor de Querétaro y otros. El maestro masón grado 33 Julián Gascón escribe lo mismo en su tratado “Los primeros masones y la formación del supremo consejo de México”.

Para la independencia Hidalgo tenía un Plan que le había proporcionado un jesuita que vivía en Querétaro, que era en realidad el plan que la Logia de Nueva Orleáns había confeccionado para llevarlo a cabo por medio de aquellos revolucionarios que fueran escogidos por ella, para destruir la Nueva España en beneficio del gobierno norteamericano.

Otra página de internet llamada Hermanos Masones coincide en que Miguel Hidalgo se inició en la masonería en la logia de la calle de Las Ratas No. 4 (hoy Bolívar 73), domicilio particular del regidor Manuel Cuevas Moreno de Monroy Guerrero y Luyando. Se trataba -dice- de mantener en la clandestinidad las actividades masónicas, pero un vecino que vivía la casa número 2, de apellidos Cabo Franco, denunció la existencia de la logia. Muchos fueron aprehendidos, así que los masones de esa logia empezaron a reunirse en El Pensil, casa de campo de Manuel Cuevas.

En cuanto a la Guerra de Independencia, se sabe que al ser denunciada la conspiración en la ciudad de Querétaro, los acontecimientos se precipitaron y en el pueblo de Dolores, el 16 de septiembre a las 6 de la mañana se inició una auténtica guerra civil de muerte y destrucción. Vaciando las cárceles de criminales -dice la otra historia-, armándolos y reuniendo a toda la plebe de los lugares por los que pasaba, incitándolos a robarle al que algo tenía, marchaba como jefe absoluto, no de un ejército, sino de una desordenada banda de forajidos. Tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe como bandera de la revolución para engañar más fácilmente al pueblo devoto instándolo así a no oponer resistencia.

Sus incondicionales comenzaron a dirigirse a Hidalgo como “Su Alteza Serenísima”, pero nada de lo anterior evitó que “Su Alteza” ordenara más tarde degollar a todos los europeos prisioneros de las turbas, lo mismo hacía en todas las poblaciones que tomaba. En Guadalajara no bajaron de mil los asesinados. Hidalgo se presentaba como el “Libertador de los pueblos oprimidos”, ofrecía a la chusma que serían dueños de las tierras y de las riquezas de los europeos.

Allende y sus compañeros revolucionarios que sí eran militares, consultaron a varios sacerdotes sobre si sería lícito darle veneno al Cura Hidalgo para evitar tantos asesinatos, hasta que después de ser derrotado por el general Calleja en el Puente de Calderón, finalmente decidieron separarlo del mando amenazándolo de muerte.

Una vez preso, los interrogatorios, su degradación en su condición sacerdotal, el juicio del Tribunal de la Inquisición, la Junta de Guerra y todo lo concerniente a sus delitos con los testigos tardaron más de dos meses. El 30 de julio de 1811 a la hora del alba Miguel Hidalgo y Costilla cayó muerto ante el pelotón de fusilamiento.

Había fomentado el odio entre españoles europeos y americanos, entre las diversas razas que poblaban el extenso país, entre los ricos y los pobres, entre los curas de pueblo y las autoridades de la Iglesia. En sólo 11 meses de su revolución, los trescientos años de estabilidad y paz que habían transcurrido en la Nueva España se habían destruido para siempre.

En Realidad Hidalgo fue enemigo de la Iglesia, especialmente de las órdenes monásticas, humilló  a la jerarquía eclesiástica y mandó asesinar a incontables sacerdotes por el único delito de ser europeos. Mientras Él era aficionado al juego, a las fiestas, y tuvo 4 hijos con dos mujeres.

Pero bueno, que ¡Vivan los héroes que nos dieron patria! ¡Vivan!

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