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¿Ya tocamos fondo?, o falta…

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Guadalajara la capital del Estado, y el estado de Jalisco todo, son motivo de escándalo internacional -y nacional por supuesto-, aunque a los que aquí vivimos y a los mexicanos todos -o a la mayoría- ya nada parece sorprendernos, nos vale madre todo. Ya no vemos la violencia, la muerte, ni siquiera nos detenemos a pensar en que tal vez ni siquiera tengamos una tumba después de muertos. Qué nos importa, si no nos importa lo que nos pasa en vida, menos lo que pase con nosotros después de la muerte. Lo mismo da una fosa clandestina que una caja de tráiler refrigerada, apestosa y ambulante.  ¿Será que hemos tocado fondo?, o falta algo más…

El escándalo no es la caja de tráiler con 157 cadáveres recorriendo los municipios de Guadalajara, Tlaquepaque, Tlajomulco y Tonalá, porque nadie la quiere cerca (porque el muerto y el arrimado a los tres días apestan y estos llevan años muertos), el escándalo es por lo que esto significa: Los muertos son tantos que ya no hay dónde enterrarlos (y no murieron en forma natural sino asesinados), significa violencia desbordada, impunidad, falta de justicia, de autoridad, de gobierno, significa la descomposición total de nuestra sociedad, que está tan descompuesta como los cadáveres que apestan, sólo que no nos damos cuenta porque el mal olor de la sociedad no lo percibimos con la nariz, ni con ninguno de los sentidos parece, estamos viendo y no vemos, oyendo y no oímos, estamos jodidos y empeorando.

En Guadalajara hay 444 cadáveres insepultos, a 157 los traen en una caja de tráiler de un lado para otro; en Veracruz encuentran 166 cuerpos en un solo predio, todos desaparecidos hace tiempo y asesinados, torturados los más; en la Capital de la República, a unas cuadras del Palacio Nacional, un grupo de sicarios disfrazados de mariachi irrumpen en una cantina y disparan a discreción dando muerte a cinco personas e hiriendo a 9 más.  Algunos se asustan y corren, pero sólo por un momento, la música sigue, el lugar de la masacre es acordonado y la gente vuelve a sus lugares a seguir chupando.

Qué nos pasa… Nos pasa que a este país se lo llevó la chingada hace tiempo, nos pasa que sus habitantes se acostumbraron a la violencia. Mientras no desaparezca alguien de nuestra familia, o mientras no sea asesinado un hijo, un padre, un hermano… que lloren en la casa del vecino qué más da, ya se le pasará, cuando mucho hay que acompañarlo a rezar un rosario por el difuntito, y con temor y precauciones porque pueden llegar los señores dueños de la vida y de la muerte y asesinar a algunos de los asistentes. 
Pero eso es todo, un padrenuestrazo por el muertito y a otra cosa mariposa, al día siguiente ya se nos olvidó.

Ese es el motivo del escándalo, para otros, para los medios de comunicación y para el mundo, no para nosotros que ya estamos acostumbrados, nos acostumbramos desde hace 12 años o más. Y nos tendremos que acostumbrar a más, porque si los últimos tres presidentes de la República no pudieron mantener el control de la seguridad y dar tranquilidad a los mexicanos, porque fueron incapaces de someter a los criminales, el que viene no sólo es igualmente incapaz sino cómplice, no sólo no va a tratar de combatir al crimen, sino que lo va a fomentar con su perdón a los criminales.

Vicente Fox no supo qué hacer con la delincuencia, Felipe Calderón intentó ponerle freno pero fue peor, Peña Nieto ni lo intentó ni pareció importarle, y en 18 años la delincuencia -organizada y desorganizada- se apoderó del país y ahora ellos mandan, secuestran, desaparecen a las personas, las asesinan, las arrojan a una fosa clandestina o las dejan abandonadas para que la “autoridad” las ande paseando en la caja de un tráiler. ¿Y el que sigue?, ¿el de la Cuarta Transformación?, ¿hay alguna esperanza de que pueda controlar la situación y devolvernos la seguridad y la paz que algunos aún extrañamos?

No sé si usted, lector-lectora, ve alguna esperanza. Yo veo que el próximo invitó a un ladrón que estaba exiliado como senador, a una secuestradora como senadora, a una prostituta igual, a otro ladrón que vivía en París para que se haga cargo de las Relaciones Exteriores, a un cómplice de Odebretch el campeón mundial de la corrupción, como secretario de Comunicaciones y Transportes; a un asesino para director de la CFE; a quien recolectaba dinero para su campaña como Secretaria de Energía; sé que para él Javier Duarte, Elba Esther Gordillo y Rosario Robles son sólo chivos expiatorios a los que hay que perdonar y defender. De esta manera, perdonando y defendiendo a criminales, ¿va a combatir a la delincuencia, la violencia y la inseguridad?, ¿o las va a fomentar? Si a las peores personas de este país las perdonan y hasta las premian, ¿por qué no voy a robar yo y a secuestrar y a matar a quien sea, para ganar más dinero que los demás?

No sé usted, insisto, pero yo no tengo ninguna esperanza de que la situación de nuestro país mejore, antes al contrario temo que va a empeorar. Más desaparecidos, más muertos, más fosas clandestinas, más cadáveres ambulantes, más corrupción, más violencia, más descontrol, mayor caos. Hasta cuándo no lo sé, no hay a la vista ninguna autoridad o gobernante que pueda controlar este barco que se hunde, o más bien dicho que lo rescate porque hundido ya está. Ya tocamos fondo me parece. ¿O falta?

Igual ya nada nos sorprende. Estando como estamos, 30 millones de ingenuos votaron por la peor opción, qué más podemos esperar… Que sea lo que Dios quiera.

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