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El portero del cielo

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San Pedro, cansado de su oficio de portero del cielo, se acercó un buen día a Jesús y le pidió unas vacaciones. A Jesús le extrañó esta petición y empezó a preguntar:

-¿Quieres cambios, eh? ¡Después de tanto tiempo de trabajo tranquilo! Pero, ¿Dónde quieres pasar las vacaciones? 

-Quiero ir a cualquier región de Brasil. 

-¿En aquella pobreza? Puedes irte, pero que no pase de una semana. 

Pedro dio las gracias y bajó a Brasil. Se pasó una semana muy divertida porque coincidió con las fiestas de junio, incluida la suya, recibió tantas invitaciones para tantas fiestas, que acabó pasando dos semana en lugar de una. Se despidió con pena de los muchos amigos y volvió apresurado al cielo, con la seguridad de que Jesús le iba a dar una reprimenda. 

Se tragó el merecido regaño y tomó de nuevo su cargo. 

Llegó el año siguiente y le entró la nostalgia. San Pedro se arriesgó a pedir otra vez unos días de vacaciones. Esta vez pidió dos semanas, pero con una condición estricta: Si se atrasaba aunque fuese una hora, perdería el cargo definitivamente, no habían pasado siete días cuando San Pedro volvía tristón y frustrado.

-¿Qué pasó, Pedro?, ¿Miedo a perder el empleo? ¿No te gustó?

-Gustarme, me gustó, pero no acerté con la temporada. Huno una tremenda sequía en la región, luego una carestía terrible, después hambre, enfermedades y mucho sufrimiento. ¡Pobre gente! ¡No, no me pude quedar más!

Después de la risa, viene el llanto, después de la fiesta, viene la nostalgia, la historia de San Pedro nos habla de la inestabilidad de la vida presente.

La vida presente es muy cambiante, muy variable, a veces tenemos momentos de paz y tranquilidad y después vienen los días grises y llenos de angustias y sufrimientos.

Pero que nunca perdamos la confianza en Dios, porque si nos agarramos de su mano Él nunca nos abandonará.

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