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Qué diferencia

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López Obrador y su equipo no se apartaron del guion en ningún momento: se llevó a cabo la “consulta nacional” para ver si se sigue construyendo el aeropuerto de Texcoco o se parcha el actual de la Ciudad de México, el de Toluca y se transforma la base aérea de Santa Lucía en una terminal aérea internacional.

Ciertamente salieron a la luz toda clase de vicios en el ejercicio (perdón por la cacofonía), que si se podía votar más de una vez, que la tinta se borraba, que los encargados de la “consulta” marcaban boletas en sus tiempos libres… Pero nada de eso logró inmutar a López Obrador, quien con el respaldo de su encuesta patito salió a decir horas después que el pueblo ya había decidido.

Y bueno, para quien piense que esto es asunto terminado, creo que no será así, el tema del aeropuerto seguirá y lo que sí es seguro es que traerá desgaste y otros perjuicios al nuevo gobierno, que no supo manejarlo, vaya, aun queriendo imponer el proyecto de Santa Lucía, nadie de los pejistas tuvo la suficiente imaginación para hacerlo sin recurrir a la farsa que se vivió el fin de semana pasado.

Y viendo un poco más allá, quién sabe si hagan el aeropuerto mencionado, como Peña Nieto prometió cuatro trenes y sólo hizo uno, o Calderón aseguró que harían la refinería y no se hizo nada.

Lo primero que suponemos que se va a hacer -y quién sabe- será remodelar por enésima vez el aeropuerto de la Capital, lo más fácil.

Luego se irían con el de Toluca, aunque ninguna aerolínea quiera usar ese aeropuerto, ¿cómo le hará AMLO para convencer a Aeroméxico, Iberia, LAN, etcétera de que mejor aterricen en la capital del Estado de México cuando ni las aerolíneas de bajo costo quieren llegar ahí?

Y ya por último y suponiendo que se hayan remodelado los dos primeros aeropuertos y que sean usados como se debería, se haría el de Santa Lucía.

¿Cuántos años habrá que esperar? El de Texcoco desde con Vicente Fox hace 18 años lo querían hacer y solamente con Peña se pusieron unas cuantas columnas. ¿Será que en Santa Lucía mágicamente comenzarán las obras?, y todo ¿porque el gran señor de Tabasco ordenó que así sea? ¿Esta vez no habrá macheteros como los de Atenco, o será que para todos habrá negocio y todo mundo contento?

En cuanto a los imbéciles que dicen que prefieren el lago en vez del aeropuerto de Texcoco, se ve que no conocen de historia ni de geografía; el lago de Texcoco comenzó a secarse hace más de 200 años, no por el PRI ni por el PAN, ni por Porfirio Díaz, sino por los aztecas, los primeros pobladores del Valle de México.

En cuanto a la viabilidad ecológica y aquellos que sueñan con un lago y hermosa vegetación alrededor como los paisajes de Canadá o Europa, el de Texcoco era un lago salado, sin vida y que ya desde entonces los aztecas lo usaban como drenaje. ¿López Obrador cambiará 200 años de historia y nos dará un enorme cuerpo de agua paradisiaco?

En verdad, quien afirma que prefiere el lago se ve que nunca se ha parado por los alrededores de la Ciudad de México: tolvaneras, charcos de agua sucia e inundaciones -en tiempos de lluvia-, zonas de miseria y cosas así.

Y los que dicen que no se necesita el aeropuerto, tienen razón, así como no todos necesitamos las autopistas, los puertos de altura, las zonas turísticas, porque somos pobres o simplemente no nos da la gana de andar por esos lugares. Entonces el aeropuerto tampoco lo necesitamos, habrá quién sí pudiera darle uso, pero que se jodan, el pueblo ya decidió.

Qué diferencia en Tepatitlán, donde los políticos y autoridades que ha tenido el municipio en verdad han aportado mucho por la región y nunca pensaron en no hacer nada sólo porque ellos no inaugurarían la obra.

Ahí tenemos el acueducto de la presa El Salto, que autoridades de tres partidos en su momento se encargaron de no dejar caer el proyecto aunque no pudieran pararse el cuello y verlo terminado.

Es más, una respetable señora, Cecilia González, fue una de las que más impulsó el acueducto y no sólo no lo pudo inaugurar, pues la muerte llegó y no le permitió ver acabada la obra que ella luchó para que se llevara a cabo.

Y así, el priista Rodolfo Camarena fue el que gestionó la obra hidráulica hace casi 30 años; luego vinieron los del PAN y algo hicieron y por lo menos el proyecto no murió -recuerdo a don Miguel Franco en 2009 decir orgulloso que el acueducto ya tenía autorizado recursos.

Luego vino la priista Cecilia González que no descansó hasta que se liberaron los recursos federales y hasta puso la primera piedra del acueducto y los trabajos siguieron a pesar de que la “pollita” ya no estaba en el ayuntamiento.

El panista Jorge Eduardo González tuvo a bien con seguir la obra y gestionar más recursos, pese a sus diferencias personales con su antecesora priista. Tampoco Jorge Eduardo pudo terminar el acueducto.

Llegó el emecista Hugo Bravo y éste sí vio concluir el sistema hidráulico y también puso de su parte para que la obra se destrabara, pues cuestiones legales y caprichos de los constructores hicieron que los trabajos tuvieran un ritmo intermitente.

Políticos de tres partidos que sí vieron por Tepa antes que otra cosa y que cada quien puso su parte para que ahora la ciudad reciba agua de la presa El Salto.

Pero con López Obrador y el aeropuerto la cosa es distinta, su revanchismo y miras cortas le han dado en la madre a la obra y en cambio quiere darle atole con el dedo a sus seguidores con su proyecto de Santa Lucía.

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